En estos tiempos que corren estamos acostumbrados a tener siempre muchas cosas que hacer. El día está repleto de actividades, unas más importantes y otras menos importantes, pero que llenan minuto a minuto las veinticuatro horas que dura el día. Además, este ritmo de vida se asocia a ser una persona activa, algo valorado como positivo, pero ¿qué efectos negativos tiene dejarnos llevar por esta actividad?

  • Lo primero y más importante es que a veces no se prioriza, dándole a todo la mayor importancia, por lo se tiende a tener sensación de
  • Estamos en la era de la inmediatez, todo hay que hacerlo YA y cuanto antes, por lo que cuesta dejar algo para mañana, aunque no sea urgente.
  • A veces una mala organización del día o simplemente el no controlar bien el tiempo y tener la sensación de que nos da tiempo a todo hace que vayamos siempre corriendo, con la carga de estrés que ello supone.
  • No reservamos momentos para nosotros, para hacer alguna actividad que nos gratifique, que nos ayude a relajarnos, hobbies, un café en buena compañía, hacer algún tipo de deporte, etc.
  • Tenemos la sensación de no parar, pero siempre quedan muchas cosas por hacer, por lo que nunca se llega a un nivel de satisfacción idóneo.
  • Los días van pasando y la sensación de disfrutar no aparece en ningún momento, todo se convierte en responsabilidades y obligaciones. A veces tampoco los fines de semana se puede bajar el ritmo.

Esta situación provoca sensación de insatisfacción, estrés, irritabilidad, bajo estado de ánimo  e incapacidad para poder disfrutar de ocasiones y momentos que no se van a volver a repetir. La vida nos impone muchas responsabilidades, pero saberlas compaginar con momentos de disfrute es la clave para estar bien tanto física como psicológicamente. La clave está en el equilibrio, en la actitud, en la forma de enfrentarse a este mundo lleno de exigencias y que se va demasiado deprisa.