Cada vez con más frecuencia se publican artículos donde se establece la necesidad de que los adultos cambiemos ciertos patrones de comportamiento, en concreto aspectos relacionados con el refuerzo y la valoración que hacemos a los niños sobre los resultados conseguidos tras un período de esfuerzo.

El último artículo a que hacemos referencia en este sentido es al publicado por el Mind Child Institute de Nueva York, donde se estudia la ansiedad que experimentan los niños ante la asignatura de matemáticas y donde los autores hacen referencia, entre otras cosas, a la necesidad de que se valore a los niños no solo por sus resultados en los ejercicios de matemáticas, sino también y de forma más importante por el esfuerzo que han realizado para intentar resolver el ejercicio. Este cambio en el estilo de reforzamiento, según indican, bajaría notablemente la ansiedad ante esta asignatura.

Por otra parte y según las leyes más básicas de la lógica, si un niño se esfuerza en conseguir los resultados, obviamente los obtendrá. Pero si no fuera así sería entonces cuando deberíamos preocuparnos y realizar un buen estudio individual de ese niño para determinar y encontrar en qué radica la dificultad que tiene para conseguirlo. En estos casos los profesionales de la psicología deberían ser los encargados de concluir cuál es el problema, atención deficiente, falta de capacidad intelectual, no hay motivación y se distrae…

Pero aparte de este estudio, deberíamos darnos cuenta de que en nuestra vida cotidiana aparecen infinidad de situaciones que nos causan frustración, porque no alcanzamos conseguir en muchas ocasiones aquello para lo cual hemos trabajado durante mucho tiempo, y esta emoción de frustración es tan negativa para quien la percibe que carga muchísimo su nivel de ansiedad. La frustración conlleva ansiedad y si ésta aparece, entonces nos volvemos más vulnerables emocionalmente, distorsionamos nuestra realidad, llegando a veces a sentir que no somos capaces, sentimientos negativos se apoderan de nosotros y caemos en picado hacia un estado depresivo  que al final consigue que nos refugiemos en nuestra zona de confort y dejemos de intentarlo.

Es necesario utilizar con los niños un sistema diferente de refuerzos donde se valore más el  esfuerzo. De esta manera posiblemente lleguen a la edad adulta  más sanos emocionalmente.

 Con este y otros planteamientos actuales cabría preguntar, en lo concerniente a la salud mental, cuántos aspectos deberíamos cambiar y a veces nunca entendemos el motivo ni encontramos el buen momento para cambiarlos, aun a sabiendas de que será para mejorar un apartado  muy importante de nuestra salud general.

¡Demos un pequeño paso, porque es muy importante cuidar nuestra salud mental!