Comer emocionalmente consiste en usar  los alimentos como mecanismo de afrontamiento de las emociones en lugar de hacerlo con el fin de  calmar el hambre.

En determinadas ocasiones las personas  se refugian en la comida cuando están estresadas, tristes, solas, decepcionadas; aunque también cuando están eufóricas o ilusionadas.

No resulta  fácil eliminar los patrones que llevan a ciertas personas  a  comer emocionalmente, el primer paso debe ser  tomar conciencia de la situación real. Hasta cierto punto todas las personas son comedores emocionales,  pero en algunas esto se puede convertir en un problema que requiera atención clínica,  pues puede provocar un aumento significativo del peso y una falta de control que lleve a los atracones.

Esta conducta alimentaria ansiosa repercute negativamente en nuestras emociones, puesto que una vez que hemos terminado de comer,  el placer desaparece y la emoción que nos invade  intensamente es un sentimiento de culpa, de falta de control, de fracaso y de tristeza.

RECOMENDACIONES para controlar la ingesta ansiosa:

  • Poner en el plato sólo y exclusivamente lo que voy a comer, teniendo en cuenta una cantidad adecuada para mi edad y actividad que desarrollo. Tener el compromiso de no comer nada que no me haya servido previamente aunque sea un plato común (por ejemplo: ensaladas, etc.)
  • No llenar la cuchara en exceso, cucharada rasa.
  • No introduciré en la boca más alimentos salvo que haya masticado y tragado los anteriores.
  • No debo tragar nada que no haya masticado muy bien, para eso debo hacerme consciente de la cantidad de veces que mastico. No tragaré un alimento que no haya masticado un mínimo de 10 veces.
  • La porción de pan será determinada inicialmente, sin aumentarla.
  • Beberé bastante agua en la comida y será toda la que necesite.
  • No comer nada entre horas. En caso de que entre las comidas haya un largo espacio de tiempo (más de cinco horas) me tomaré una o dos piezas de fruta o algún alimento lácteo (vaso de leche, yoghourt, etc.)
  • La dieta debe ser variada y equilibrada. No evitar ningún tipo de alimento o sustitutivo, salvo prescripción médica.

Si no lo consigues y no puedes controlar la ingesta es conveniente que acudas a un profesional que te ayude.