Valoranos!

Actualmente los profesionales de la salud mental estamos observando que a nuestras consultas acuden cada vez en mayor medida  niños y adolescentes que eran buenos estudiantes hasta cursos como tercero o cuarto de la ESO y aquí se vuelven malos estudiantes y además muestran una actitud “chulesca” ante los propios padres y hacia los profesores, que no entienden lo que está ocurriendo. En casa, con una familia bien estructurada y con unos valores adecuados y bien definidos los padres y hermanos menores observan  el mal ambiente que esta situación genera en casa y que consigue hacer  cambiar la visión establecida de familia, pasando de ser la familia Disney a la familia Addams.

Los profesores no entienden este cambio de actitud y sin poder encontrar una explicación, tras muchos esfuerzos dirigidos a acercarse al adolescente y querer entender el por qué de su comportamiento, finalmente acaban dudando de sus capacidades y perdiendo la confianza en él, tanto en lo personal como en lo académico.

¿Pero qué les está ocurriendo? En esta etapa el menor está actuando en el gran escenario de su vida. En esta etapa los adultos estamos asistiendo a una puesta en escena donde el adolescente interpreta un papel, el papel  más importante de los que hasta ahora ha debido interpretar  y tan necesario en este crucial momento de su vida, donde su revolución hormonal está en pleno apogeo y en el que lo más importante para él es  ser aceptado y pertenecer a un grupo, al grupo de amigos que engrandecen el sentido de la rebeldía, que no se conforman  con ser buenos estudiantes porque el que estudia es un “pringao” y que ponen por delante de las normas todo lo que sea ir contracorriente. Su dogma es: mientras menos esfuerzo más recompensa. El adolescente deja de lado sus intereses personales y actúa en la medida necesaria para conseguir lo que ahora es más importante para él, ser aceptado por un grupo de amigos.

En esta etapa nos encontramos dos tipos fundamentales de adolescentes, los que en este  tortuoso camino se pierden definitivamente y no recuperan la trayectoria académica ni educacional adecuada, debido  a que ya se han desmotivado y no aciertan a ver con claridad la importancia una formación académica adecuada, debido quizá al poco apoyo que saben ofrecerle sus personas de referencia como su familia, fundamentalmente sus padres y profesores. Por otro lado están los que aún  inmersos en esta interpretación teatral necesaria para él en ese momento, desean llegar a conseguir una determinada titulación académica y siguen motivados para conseguirla.

Sin duda son más fácilmente recuperables los tipo II porque no han perdido su motivación. Aún así los profesionales de la salud tenemos una difícil misión, pero con el apoyo de padres y profesores se pueden conseguir muy buenos resultados y una adecuada recuperación.