Defender los derechos significa ser capaz de comunicar a los demás el descontento cuando alguien dice o hace algo que no es de su agrado, cuando se considera que el trato que le da alguien es inapropiado o cuando existe alguna falta de respeto.

Lo fundamental es saber hacerlo de forma  adecuada para no caer en el error de realizarlo de la misma forma inadecuada que el otro ha utilizado y que es motivo de crítica por nuestra parte.

Cuando se defienden los objetivos conseguimos:

  • Que cuando digo lo que no me gusta los demás lo tengan en cuenta.
  • Que cuando siento que me están tratando injustamente y soy capaz de decirlo los demás me valoren mas como persona.
  • No consentiré que los demás me falten el respeto.
  • Por consiguiente te sentirás más a gusto contigo mismo.
  • Además aumentará tu autoestima porque aprenderás a valorarte.

Si no lo haces consigues:

  • Que te falten el respeto.
  • Que pierdas cosas que por derecho son tuyas.
  • Te sentirás muy mal contigo mismo.
  • No te valorarás.

Pero si esto lo haces de forma agresiva:

  • Al final tú tampoco respetarás a los demás.
  • Tendrás problemas innecesarios.
  • Los demás no tendrán en cuenta tus peticiones.
  • Tu percepción será que al final no has conseguido aquello que querías.

Es muy importante que conozcas tus derechos y que los defiendas, porque solo así te sentirás satisfecho contigo mismo, además el no hacerlo te llevará a no sentirte bien emocionalmente  e incluso acumularás ansiedad y angustia. Sentirás que los demás te humillan en alguna medida, por lo que acabarás sintiéndote inferior.

Recuerda que los demás actúan contigo haciendo y diciendo aquello que tú les permites, debes actuar defendiendo tu espacio, tus derechos y a ti mismo como persona.

Cuando se defienden los derechos se debe:

  • Buscar el momento y el lugar apropiado.
  • El tono debe ser firme pero sin agresividad, sin rodeos, con frases en primera persona, y siendo muy breve, claro y al grano.
  • Se debe mirar a la otra persona a la cara.
  • Se debe pedir que la otra persona cambie su forma de actuar de forma permanente.

Es muy importante saber controlar el enfado, para esto se debe ser firme en el tono de voz y en las afirmaciones que se hacen, no es necesario gritar ni faltar el respeto, pues  RECUERDA QUE QUIEN PIERDE LAS FORMAS PIERDE LA RAZÓN.