¿Quién no ha experimentado alguna vez la desesperación esperando en una cola de un banco, o a la espera de su cita en una consulta médica, o para reunirse con un amigo no muy puntual…?

En las urbes las personas se dirigen con prisas a sus diferentes cometidos y el estrés diario acaba convirtiéndose en el compañero más fiel de viaje, como la piedrecita incómoda del zapato, pero ¿cómo perder tiempo en pararnos a sacarla?

Cabe destacar que nuestro cerebro emplea los momentos de no acción para descansar. Pero en el vaivén del día a día, la aceleración se premia, no se soportan los tiempos de espera o de no actividad.

Querer ir siempre más rápido aumenta el estrés, incrementa el número de actividades que realizamos durante el día y suprime los pequeños momentos intermedios, que podrían convertirse en tiempos para descansar, en vez de tiempos de impaciencia.

¿Serías capaz de estar unos minutos sin hacer nada? Haz la prueba, tal vez descubras que te gusta disfrutar del momento presente, pues es el único que realmente te  pertenece.

Algunas pautas que podríamos practicar a diario para conseguirlo:

–          Intenta centrarte en el momento presente durante los tiempos de espera (en la parada del autobús, en la cola del supermercado,…) o de transición (entre dos lugares, dos citas…).

–          Deja pasar el tiempo, sin hacer nada, durante unos minutos siéntete libre de cualquier actividad impuesta por ti mismo/a.

–          Respira, siente, conecta con tu interior, experimenta,…

Recuerda: “Los momentos de espera no son necesariamente tiempo perdido si decides que puedes vivirlos plenamente”.