El niño celoso.
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Si intentamos hacer una definición lo podríamos hacer como “reacción adaptativa transitoria del niño, que conlleva una alteración emocional y en el comportamiento como respuesta a la alteración de la dinámica normal de una unidad familiar debido al nacimiento de un hermano y que si no se corrige puede convertirse en permanente e incluso llegar a ser patológica”.

Con lo que podemos entender que el nacimiento de un hermano es la causa principal de la aparición de celos infantiles, pero también la actitud de los padres puede ser determinante para contribuir o evitar su aparición.

Los síntomas más frecuentes serían la aparición de conductas y actitudes propias de etapas ya superadas, como negativismos, rabietas, agresividad, así como enuresis, encopresis, retraimiento o retraso en el lenguaje.

Si este trastorno celotípico se cronifica e incluso llega a la adolescencia sin ser resuelto, aparecerán conductas como rivalidad, agresividad y rechazo hacia el hermano e incluso hacia los progenitores.

Por ello, desde el principio es necesario saber dar a cada hijo lo que necesita distinguiendo sus necesidades como únicas,  no vale “yo trato a todos mis hijos por igual”, sino en su diferencia, quizás alguno necesita más momentos de conversación, otro más normas, otro más tiempo, otro más expresiones de cariño, etc.

Debemos saber reservar tiempos para que ellos mismos descubran a su hermano, no como un rival, sino como a alguien que les puede aportar y acompañar en muchos momentos. Por esto es importante proponer actividades en familia, en las que se descubra lo importante de cada uno, actividades divertidas en las que el papel de cada cual nos ayude a conseguir un fin.

No debemos jamás hacer comparaciones, cada uno tiene unas potencialidades que debe desarrollar y otros aspectos de su personalidad que debe mejorar. Las comparaciones son odiosas y entre hermanos son destructivas.

La comunicación dentro del seno familiar hace desmontar muchos fantasmas y miedos. Reservemos espacio para enseñar a nuestros hijos a hablar y a expresar lo que sienten, pues es algo fundamental para su desarrollo emocional.

En una época de incomunicación, de prisas y de individualidades, la conversación con los hijos, el juego y la actividad compartida puede ser una forma de colaborar en su desarrollo personal.