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La emoción es un estado de activación tanto físico como psicológico que se caracteriza por una reacción que es consecuencia de las impresiones que nos producen los sentidos  o los pensamientos a través de recuerdos  e ideas.

Esto provoca una reacción en nuestro cuerpo que se traduce en gestos, movimientos o actitudes que determinan una forma determinada de expresión.

Las emociones pueden ser positivas o negativas, son emociones positivas la tranquilidad, la alegría, la satisfacción,… Experimentar estas sensaciones puede provocar gran grado de bienestar y estabilidad emocional. Por otro lado las emociones negativas producen un grado de malestar que supone un estado de ánimo depresivo. Son emociones negativas el enfado, la ira, la frustración,…

Es importante saber que las emociones que experimentamos  dependerán del significado que le demos a los hechos que nos ocurran en la vida cotidiana. Así, por ejemplo si una persona que conocemos pasa a nuestro lado y no nos saluda podemos interpretar este hecho de varias maneras y dependiendo de esa interpretación sentiremos una emoción u otra. Podemos pensar que esa persona realmente no nos ha visto, o que nos ha visto y  ha preferido no saludar, … Según entendamos esa situación experimentaremos  emociones de indiferencia o de enfado hacia el hecho ocurrido.

Si tenemos en cuenta la cantidad de experiencias a las que os enfrentamos a diario nos daremos cuenta de la importancia que tienen las emociones en nosotros y la necesidad que existe para que desde niños se trabajen adecuadamente, enseñándoles a reaccionar emocionalmente de forma adecuada ante los acontecimientos adversos.

De todas formas una emoción no es similar a un estado de ánimo, es muy importante que un niño sea capaz de mantener a raya sus emociones para que posteriormente consiga mantener un estado de ánimo estable y positivo.

Como he descrito antes la emoción es una reacción puntual  a una situación externa, sin embargo el estado de ánimo es una situación emocional más duradera que se nutre de las emociones experimentadas anteriormente.

Ayudar a que nuestros hijos adquieran en casa la habilidad para expresar las emociones de forma adecuada es algo que va a contribuir para que cuando sean adultos sean capaces de llegar a conseguir una estabilidad emocional con garantías.