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Enseña a tu hijo a ser feliz. Algunos niños parecen tener un detector de situaciones o aspectos negativos, por lo que aunque tengan muchas cosas positivas en su vida, están continuamente comentando las negativas, centrándose solo en aquellas. A pesar de los empeños de sus padres en que sea feliz, no lo consigue y siempre encuentra algo por lo que quejarse.

Para estos niños las cosas son buenas solo si son perfectas, cualquier contrariedad es motivo para  arruinar  un día o una tarde.

El negativismo no es igual que la tristeza o la depresión, sino un estilo cognitivo, una forma de entender  y enfrentarse a la vida. Es una forma de centrarse en aquellos aspectos no tan buenos de las cosas o en aquello que no le satisface del todo aunque todo lo demás haya sido perfecto.

Cuando nos encontramos con un niño que presenta esta dificultad, el objetivo no debe ser conseguir  que deje de quejarse, sino que aprenda a ser más tolerante ante las contrariedades, sobre todo si no son relevantes, haciéndole ver que debe centrarse en los aspectos positivos de las cosas.

La terapia más eficaz para este tipo de alteración es la terapia cognitiva, con la que se les enseña a adquirir y utilizar nuevas estrategias para pensar y ver las cosas de una forma más gratificante.

Es frecuente que este estilo de pensamiento  se de en el seno de familias en las que de forma general o particularmente algunos de sus miembros presentan  esta forma de ser y de entender la vida, por lo que en la mayoría de las ocasiones el niño lo único que ha hecho es aprender esa percepción negativa de los acontecimientos del día a día a partir del patrón de conducta familiar.

Si se observa este problema,  se recomienda consultar con un especialista en psicología clínica para que  ayude al niño a aprender a disfrutar  y a que sea capaz de ver todo lo que ésta le ofrece. Este estilo cognitivo, tanto en niños como en adultos se puede cambiar modificando los pensamientos,  consiguiendo así el objetivo de ser más felices.