Es necesario comenzar este artículo afirmando que volver al trabajo no es una enfermedad, en caso de que lo fuera ya les gustaría hoy en día a muchas personas tener la posibilidad de padecerla. El llamado síndrome postvacacional no es más que una adaptación a la rutina del trabajo; la vuelta a la actividad, luego no conviene darle mayor importancia.

Si acaso, podemos establecer algunos puntos a modo de consejo,  que puedan servir de ayuda en este proceso de adaptación, como por ejemplo plantearnos no volver al ritmo normal de trabajo de forma brusca, llamar a algún compañero días antes de la vuelta para saber qué vamos a encontrar cuando vuelva  o no plantearnos  como objetivo a la vuelta  hacer  el primer día todo el trabajo acumulado. Una vez incorporados al puesto de trabajo se hace conveniente  facilitar esta adaptación manteniendo  algunos hábitos adquiridos durante las vacaciones, por ejemplo salir a pasear o a tomar algo  con amigos, aunque sea en un día laborable.

Los horarios se deberán ir ajustando poco a poco, hay que tener en cuenta que al organismo le cuesta pasar del sedentarismo propio de las vacaciones al ritmo frenético propio de la actividad laboral, es como un coche que quieres poner de 0 a 100 en un momento. En este proceso pueden aparecer señales como cansancio, desánimo, falta de ilusión durante los primeros días, cuesta conciliar el sueño y te puedes sentir nervioso.

Un factor importante que incide directamente en el nivel de malestar, suele ser  la valoración que se tiene del propio entorno laboral. Los entornos laborales son con mucha frecuencia lugares de estrés, de incidentes, de envidias y rivalidades, sobrecarga de trabajo, de inseguridad e inestabilidad. Ante el planteamiento de volver a enfrentarnos  a este entorno, el organismo reacciona con mecanismos automáticos que llamamos somatizaciones, provocando diversos síntomas tales como cefaleas, insomnio, tensiones musculares causantes de dolor, náuseas, etc.

En todo caso, estos síntomas deberían desaparecer tras varios días de trabajo debido a una aclimatación automática del  organismo  a la situación estresante. Solo en el caso de que permaneciera durante más tiempo esta sintomatología sería necesario acudir a un especialista de salud mental por si fuera  a consecuencia de algún trastorno que requiera de atención clínica.

Como resumen podemos dar algunos consejos prácticos para la vuelta:

  • Adoptar una actitud positiva ante la vuelta al trabajo.
  • Tomar contacto con algún compañero algún día anterior para que nos informe sobre la carga laboral que nos encontraremos a la vuelta.
  • Comenzar a ajustar el ritmo de sueño-vigilia un par de días antes a la incorporación al trabajo.
  • Evitar hacer desde el primer día todo el trabajo que pueda tener acumulado. Organizar el tiempo en función de las tareas sin agobios.
  • La reincorporación al trabajo no debe ser  análoga a sufrimiento, proponer cosas agradables para hacer también durante los primeros días de trabajo es posible.
  • Realizar actividades gratificantes durante los fines de semana debe ser algo habitual, pero especialmente en los fines de semana posteriores a la vuelta de las vacaciones, que nos saquen de la rutina asociada al regreso a la actividad laboral.