La diabetes es causada porque el páncreas no produce una hormona, la insulina, por ello el azúcar en sangre aumenta. Con un tratamiento médico adecuado el diabético puede llevar una vida normal.

Los niños que presentan esta enfermedad a edad temprana deben llevar una vida normal de forma prioritaria, participando en todas las actividades al igual que el resto de compañeros, participando también en las actividades deportivas y en todo momento se debe procurar su integración a todos los niveles.

Es importante que mediante un buen control médico de la enfermedad, los padres y una implicación adecuada del menor se consiga el objetivo de llevar una vida normal. Un buen equilibrio entre la alimentación, el ejercicio o actividad física, la insulina y la situación emocional son  esenciales para conseguirlo.

A nivel familiar se ha demostrado que el papel de las familias puede afectar negativamente  al equilibrio del niño o adolescente en cuanto a su aceptación e implicación en la atención necesaria para que la enfermedad esté perfectamente controlada.

Así, una sobreprotección excesiva por parte de la familia, la tristeza manifestada continuamente por la no aceptación de la enfermedad, la irritabilidad producto de la no aceptación,  los sentimientos de culpa u otros sentimientos y expresiones no adecuadas producen en el niño consecuencias negativas que interfieren en su adaptación a la diabetes.

La familia y los profesionales  son cada vez más conscientes de que el modelo de emociones expresadas por los cuidadores son una referencia explícita para los niños y afectan directamente para que el niño pueda desarrollar miedo a la enfermedad, y verse afectados aspectos como la esperanza, su autonomía en la enfermedad, etc.

Se puede determinar así que el papel de la familia en la enfermedad es muy importante para su evolución y para que el paciente acepte y se adapte adecuadamente a una patología que exige mucha atención, dedicación y cuidado, pero que si se actúa correctamente a nivel emocional y no se trasmiten miedos y otros sentimientos de tristeza o de no aceptación de la enfermedad, de manera que el niño adquiere adecuadamente el hábito necesario,  el impacto para la salud general se minimiza y la calidad de vida aumenta significativamente en el paciente.