En la familia siempre se dan situaciones en las que los intereses de los padres  e hijos son a veces contrapuestos, por lo tanto generan conflicto y en función de cómo se aborden se resuelven o no.

El conflicto se ve como algo negativo porque la resolución normalmente no satisface a todos y alguna de las partes la verá como injusta, ante esto la mayoría de los progenitores consideran que no tienen herramientas suficientes para abordarlo. Sin embargo el conflicto es necesario para cambiar, aprender y sobe todo madurar, por eso son tan frecuentes en la etapa de la adolescencia.

Se considera que existe un conflicto cuando alguien encuentra en el comportamiento de otro, en sus necesidades y objetivos un obstáculo que le impide conseguir algo, o sea, choque de intereses. A veces los conflictos están generados por un problema de comunicación y la solución  pasa por resolver esta, en otras ocasiones puede no haber conflictos porque no se expresa la necesidad y esto en si mismo también es un problema.

Actitudes ante el conflicto:

  • Negar el conflicto, por lo que no se resuelve.
  • Aplazar la solución, que si se hace de forma habitual destruye las relaciones.
  • La causa del conflicto es ajena a nosotros.
  • Darle importancia a lo cotidiano y no a lo importante.
  • Pedir al otro cosas imposibles.

Estilos de resolución de conflictos que pueden darse en una familia:

  1. Estilo de competición. No tiene en cuenta las necesidades de los demás y considera que sus necesidades son las más importantes, es propio de estilos educativos muy autoritarios. Cuando los padres lo utilizan los hijos suelen desarrollar una personalidad dependiente.

En estos casos se habla en tono de orden y demanda, no hay explicaciones porque no son necesarias, se formulan muchas críticas a veces destructivas y poca valoración, es rígido e inflexible.

  1. Acomodación. Se evitan las tensiones, accede sistemáticamente a las peticiones, se da en un estilo educativo sobreprotector. Se trata a los hijos como niños pequeños independientemente de la edad, el método de control utilizado es el chantaje afectivo. La permisividad se utiliza como instrumento para tener a los hijos cerca. Límites difusos, los hijos se convierten en aliados.
  2. Evasión. Se posponen los conflictos. Padres permisivos e indiferentes que consideran que los hijos aprenden solos, que no se les debe imponer nada, actúan sin autoridad, sin normas, son tolerantes a conductas inadecuadas.
  3. Estilo colaboración. Se trata de intentar ponerse de acuerdo, de negociar, de conseguir unos objetivos pero también ceder para que el otro los consiga, buscar soluciones aceptables para todos. No chantajes ni manipulaciones, no se utiliza la fuerza. Padres abiertos al diálogo con autoridad pero sabiendo hasta dónde y cuándo deben ceder, conscientes de las necesidades de sus hijos y dejándoles espacio para el desarrollo personal.

Este es el estilo ideal pero a veces no es posible porque alguna parte no quiere ceder por lo que habrá que buscar objetivos intermedios como el compromiso y en casos graves el modelo de competición.

Imprescindible con este modelo la comunicación que nos lleve a expresar necesidades, explorar el desacuerdo y buscar soluciones alternativas que satisfagan en alguna medida a todos.

Es importante tener en cuenta que no todo se puede negociar, que hay cuestiones, aunque no deben ser demasiadas, que son los padres quienes determinan cómo y qué hacer.