Valoranos!

Si entendemos la comunicación como un proceso de interacción, debemos  tener en cuenta que lo que se hace o se dice (tranquilo, gritando, insultando…) determina la respuesta del otro.

Solo con hablar la gente no se entiende, por lo que tenemos que cuidar  que la comunicación sea adecuada y que el otro sea receptivo a lo que se le dice o se expresa.

Para que la comunicación con los hijos sea eficaz, el primer paso es tener claro qué es lo que quiero conseguir en esta comunicación, informar, persuadir, facilitar o pedir un cambio de conducta, hacer una crítica… y en función de esto adoptar una postura que facilite el llegar a conseguir esto que busco. Pero para conseguirlo tenemos que facilitar que se nos escuche y escuchar, hablar con el tono adecuado, no son necesarios los gritos…Si no sabemos cuidar esto en la mayoría de las ocasiones conseguiremos lo contrario de lo que pretendemos y terminaremos diciendo “con este niño no hay quien hable “.

Es importante también tener en cuenta la forma de ser de nuestro hijo, si le cuesta escuchar, si es muy susceptible, si le cuesta expresar sus emociones

Buscar el momento siempre ayuda, si estamos tranquilos…, si tenemos tiempo suficiente para hablar…, nos puede ayudar buscar un lugar donde no seamos interrumpidos, que no haya objetos o actividades que distraigan la atención…

Si basamos nuestra relación con los hijos en la crítica permanente será difícil conectar con ellos,  pues huirán  de los encuentros para evitar que pueda darse la más mínima oportunidad de iniciar una conversación. Por esto es por lo que es importante crear espacios de ocio para hablar de todo, hasta de nosotros, ir al cine, viajar, buscar momentos de celebración. Siempre actividades que a ellos les puedan resultar atractivas.

Los componentes de toda comunicación son el verbal (lenguaje, vocabulario, etc.), no verbal (apariencia física, contacto ocular, expresión facial) y paraverbal (volumen, entonación, pausas, silencios, velocidad).

Errores que no ayudan en la comunicación con los jóvenes:

– Continuas acusaciones y amenazas.

-Preguntas de reproche.

-Discurso con continuos deberías.

-Poner etiquetas que generalicen algún aspecto de su comportamiento “eres un inútil”.

-Afirmaciones radicales y destructivas “no haces nada bien “.

-Darle demasiada importancia  a los detalles.

-Repetir lo que pensamos continuamente.

-Creer que sabemos lo que piensa.

-No escuchar todo lo que tiene que decirnos.

-Interrumpir continuamente cuando habla.

-Juzgar a sus amigos.

ALGUNAS PISTAS:

-Explicar de forma muy clara qué quieres que haga o cambie “que llegues a tu hora” “que hagas la cama”.

-Decir lo que piensas y sientes sin alterarte.

-Saber ponerse en su lugar.

-Valorar lo que hace bien.

-Preguntar lo que quieras saber, no juzgar ni interpretar.

-No interrumpir.

-Sugiere alternativas de acción que le ayuden a pensar y aprender.

Con respecto a  los canales no verbal  y paraverbal es muy importante cuidar que  nuestros gestos  sean acordes a los objetivos perseguidos, cuidar el volumen y el tono si queremos crear un ambiente de comunicación.

Por tanto es necesario saber lo que queremos decir y cuidar cómo lo decimos, a veces nuestros miedos y enfados dificultan la comunicación.

Comunicarse con ellos no es fácil, que ellos sean receptivos, a veces  tampoco, pero en algún lugar queda aquello que vieron y escucharon, por eso no podemos dejar de intentarlo.