Es muy difícil enfrentarse a la enfermedad de un progenitor, pero si además es una enfermedad mental es más complicado aún, sobre todo porque la información es muy escasa, el prejuicio en la familia es muy grande y se provoca una situación confusa donde normalmente el menor se siente muy desgraciado y con mucho miedo.

Es muy importante que los niños conozcan la enfermedad con una información adaptada a su edad, que les haga entender cómo trabaja la mente, los pensamientos, los sueños, la imaginación, las emociones y el papel que juega todo esto en la enfermedad de su padre o de su madre, en función de quien la padezca.

También es importante que conozcan los síntomas o signos que presentan esas personas, conocer el significado de muchas de las palabras que se utilizan habitualmente en casa, los tratamientos que suelen recibir (medicación, psicoterapia, etc.)

Hay que tener en cuenta que ante la enfermedad mental, los niños no saben cómo actuar y no entienden bien la situación, por lo que lo más normal es que se sientan estresados, además de irritados, avergonzados o abochornados por el comportamiento “raro” de su padre o de su madre. Estos sentimientos son ciertamente normales, por ello es muy importante que tengan también a alguien con quien expresarlos, que les ayuden a normalizar  y sobre todo a no sentirse tan solos, aunque siempre se queden “dentro” con algunos sentimientos que no sean capaces de expresar o que les de vergüenza que alguien los conozca y los “guarden como un tesoro”.

Estos sentimientos en los niños van cambiando a lo largo del tiempo, al principio predomina la confusión, luego la tristeza, vergüenza, miedo… Todos ellos desaparecen normalmente cuando se expresan de forma sana. Por ello la labor del psicólogo es fundamental, ayudando a que aprendan a canalizarlos antes de  que les puedan hacer daño.

Muchos menores manifiestan también mucha dificultad para divertirse cuando hay un problema que les afecta tanto como este. Ante ello es necesario enseñarles a dejar las preocupaciones a un lado, a relajarse y a no mantener sentimientos de culpa.

Además de todo esto los niños se pueden encontrar con personas que muestran actitudes de rechazo hacia los enfermos, llegando incluso a los insultos. En este sentido hay que enseñarles a protegerse de estas situaciones, haciéndoles ver que en ocasiones el prejuicio y el miedo de estas personas les hace adoptar posturas inapropiadas, por ello es muy  importante que aprendan a construir un escudo que les proteja.