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Las disfunciones sexuales se pueden dar en personas que tiene algún tipo de trastorno psiquiátrico y que a la vez estén siendo medicadas por este motivo, es por esto por lo que en estos casos la terapia sexual tendrá unas connotaciones muy concretas.

La disfunción sexual puede ser  causa de la depresión o el resultado de una patología depresiva ya existente, por lo que es muy importante distinguirlo para poder ofrecer un tratamiento correcto.

En el primer caso, es decir, cuando la depresión es reactiva a  la inadecuación sexual en el momento en que se comienza la terapia y se va observando una evolución positiva, los síntomas suelen remitir de una forma ágil, sin embargo cuando la depresión es la causa de la falta de interés en alguno de los miembros de la pareja, el pronóstico es más complicado, porque la depresión bloquea la libido y la respuesta ante la excitación sexual.

El trastorno depresivo ejerce una influencia muy negativa en el funcionamiento sexual, porque extingue la libido y provoca que la persona se resista a la excitación bloqueando la respuesta vasocongestiva fisiológica. El varón es especialmente vulnerable a este proceso existiendo certezas probadas de que ciertos factores endocrinos y fisiológicos juegan un papel importante en este proceso.

Por todo ello es aconsejable no comenzar un tratamiento sexual mientras el paciente está en una fase aguda de la enfermedad.

Solo en el caso de la eyaculación precoz y el vaginismo, que son disfunciones sexuales que no son afectadas por trastornos depresivos, no es necesario esperar una remisión de los síntomas siempre y cuando el paciente esté motivado para ello.

Las personas deprimidas rara vez se implican en la terapia, para la cual se requiere cooperación por parte de ambos y rara vez provocan encuentros sexuales, por lo que normalmente la depresión afecta a la pareja, por todo esto se hace recomendable el tratamiento previo de este tipo de patologías, al menos hasta moderar los síntomas y así tener alguna garantía de éxito.