¿Depresión o tristeza?

Las personas hablan frecuentemente de depresión en su vida cotidiana. Cuando se tiene un día en que el ánimo está más bajo de lo habitual o incluso se está cansado  acude al pensamiento la expresión “estoy deprimido”, y en la mayoría de los casos lo que realmente ocurre es que están tristes.

Pero la depresión es mucho más, se trata de un trastorno emocional que afecta a la forma de actuar, sentir y pensar. Afecta en forma de sentimientos de tristeza, irascibilidad, trastorno del sueño, cansancio excesivo, pérdida de apetito, tensión muscular o ansiedad.  En cambio, la tristeza es una emoción que surge cuando algo que se valora de una forma positiva en nuestra vida y que es importante para nosotros se pierde o desaparece, puede estar relacionada con la salud, con las relaciones personales o afectivas, con el trabajo o con otras áreas. Esta emoción la experimenta cada persona de una forma muy personal.

Los síntomas asociados a la tristeza son:

  • Pensamientos negativos o destructivos, pesimismo, sentimiento de culpa.
  • Sensación de cansancio y agotamiento.
  • Cambios de hábitos debido a la pérdida de interés por cosas que antes eran gratificantes para la persona.

Cuando se sufre  un acontecimiento que causa dolor se pasa por una serie de etapas,  en un primer momento aparece la negación, pasando luego por la autocompasión  y la  rebelión hasta llegar a la aceptación, siendo este el momento en que la persona empieza a racionalizar lo que ha pasado, siendo capaz de analizar la situación, a veces para aceptarla y otras para reconocer errores de otros o incluso propios, llegando así a realizar un juicio imparcial  y sereno de la sucedido.

En Psicología, a este proceso se le denomina Elaboración del Duelo y se da cuando una persona pierde algo o a alguien que considera importante para él, para lo que es necesario pasar por este proceso para llegar a superarlo.

Para elaborar adecuadamente el duelo es necesario desarrollar herramientas que nos permitan superar este reto tan difícil que la vida nos presenta y poder salir adelante, si no fuera así estos síntomas se cronificarán y podrán desencadenar un trastorno depresivo que precise de intervención de profesionales especialistas en salud mental como psicólogo clínico y psiquiatra.

En estos casos los síntomas más frecuentes son:

  • Tristeza
  • Pesimismo, sentimiento de desamparo.
  • Sentimiento de culpa.
  • Apatía por todo, resistencia a realizar tareas habituales.
  • Cansancio, agotamiento.
  • Dificultad para conciliar o mantener el sueño o por el contrario necesidad de dormir demasiado.
  • Problemas físicos como dolor de cabeza, estómago, espalda…
  • Ideas autolíticas y pensamientos recurrentes acerca de la muerte.

Lo más habitual en los procesos de duelo es que a pesar de la dureza  de la situación la persona vaya superando su estado de ánimo hasta normalizar su vida, llegando en algunas ocasiones a sentir que salió fortalecida y valorando mucho más todo  aquello que aún mantiene.

Por otro lado, a nivel estadístico los datos indican que el 10% de la población está o estará deprimida alguna vez en su vida y que los rangos de edad de más riesgo se encuentra entre los 35 y los 45 años y después de los 60 años de edad.

El tratamiento de la depresión ha sufrido cambios importantes en los últimos años, puntualmente cuando se determinó, después de un gran trabajo de investigación que la causa fundamental para que una persona se deprima no está de inicio en un desajuste bioquímico del cerebro sino en una pérdida de reforzadores a nivel ambiental, es decir que en el entorno de la persona  suceda algo que sea percibido como desagradable, esto hace que posteriormente se produzcan desajustes en el funcionamiento bioquímico del Sistema Nervioso Central.

Pero no todas las personas se deprimen aunque se expongan  a una pérdida de reforzadores. Es necesario hablar de variables que hacen más o menos vulnerables a las personas, enumeramos algunas de ellas:

  • El estilo de vida. Personas que realizan un mayor número de actividades agradables están menos predispuestas a deprimirse.
  • Forma de pensar. Estilo positivo de pensamiento, creer en la propia valía personal y no ser muy perfeccionista son importantes a la hora de evitar la depresión.
  • Manera de relacionarnos con los demás. Es importante cultivar unas habilidades de comunicación basadas en tres conceptos fundamentales: saber iniciar una conversación, saber realizar peticiones y saber recibir una crítica.
  • Aprender habilidades para resolver problemas. El día a día nos trae conflictos y situaciones que debemos resolver, si no establecemos mecanismos adecuados y una toma de decisiones eficaz, acarreará problemas psicológicos que pueden acabar en depresión.

Esto no significa que una persona que tenga algunos de estos factores predisponentes se vaya a deprimir, pero significa que  a partir de una pérdida de reforzadores, su probabilidad futura de depresión será mayor. Por tanto cuidar estos aspectos es un objetivo muy importante a tener en cuenta para  mantener una vida sana a nivel emocional.

 

La depresión y la terapia sexual.

Las disfunciones sexuales se pueden dar en personas que tiene algún tipo de trastorno psiquiátrico y que a la vez estén siendo medicadas por este motivo, es por esto por lo que en estos casos la terapia sexual tendrá unas connotaciones muy concretas.

La disfunción sexual puede ser  causa de la depresión o el resultado de una patología depresiva ya existente, por lo que es muy importante distinguirlo para poder ofrecer un tratamiento correcto.

En el primer caso, es decir, cuando la depresión es reactiva a  la inadecuación sexual en el momento en que se comienza la terapia y se va observando una evolución positiva, los síntomas suelen remitir de una forma ágil, sin embargo cuando la depresión es la causa de la falta de interés en alguno de los miembros de la pareja, el pronóstico es más complicado, porque la depresión bloquea la libido y la respuesta ante la excitación sexual.

El trastorno depresivo ejerce una influencia muy negativa en el funcionamiento sexual, porque extingue la libido y provoca que la persona se resista a la excitación bloqueando la respuesta vasocongestiva fisiológica. El varón es especialmente vulnerable a este proceso existiendo certezas probadas de que ciertos factores endocrinos y fisiológicos juegan un papel importante en este proceso.

Por todo ello es aconsejable no comenzar un tratamiento sexual mientras el paciente está en una fase aguda de la enfermedad.

Solo en el caso de la eyaculación precoz y el vaginismo, que son disfunciones sexuales que no son afectadas por trastornos depresivos, no es necesario esperar una remisión de los síntomas siempre y cuando el paciente esté motivado para ello.

Las personas deprimidas rara vez se implican en la terapia, para la cual se requiere cooperación por parte de ambos y rara vez provocan encuentros sexuales, por lo que normalmente la depresión afecta a la pareja, por todo esto se hace recomendable el tratamiento previo de este tipo de patologías, al menos hasta moderar los síntomas y así tener alguna garantía de éxito.

Enfermos de cáncer y depresión.

El estado de ánimo depresivo es una de las consecuencias psicológicas más comunes en pacientes diagnosticados de cáncer.

Existen muchos estudios sobre esto, algunos de ellos como el de Avis y Levine, que mantienen que la depresión aumenta después del diagnóstico pero tiende a disminuir durante el tratamiento y la recuperación. Otros estudios mantienen que esta es una alteración resistente al paso del tiempo y aparece como un miedo o preocupación excesiva que se mantiene incluso después de haber terminado el tratamiento e incluso una vez que se ha dado el alta médica.

Indudablemente la depresión está determinada por diferentes factores de los pacientes, como por ejemplo la edad, el nivel socioeconómico, tener o no pareja, tener o no hijos, el apoyo social, familiar, seguir teniendo o no síntomas o malestar físico y por supuesto el pronóstico de la enfermedad.

Los síntomas que aparecen con mayor frecuencia son fatiga, disfunción sexual, insomnio, estado de ánimo bajo, lloros recurrentes, resistencia a las relaciones personales. Por lo que tiene un gran impacto en la calidad de vida del paciente y en ocasiones  se relaciona con aspectos de la supervivencia, pues pueden aparecer  ideas suicidas por miedo a la recurrencia del cáncer y mortalidad elevada.

Es muy importante destacar que en aquellos pacientes tratados de cáncer o que acaban de terminar el tratamiento, la depresión determina el tiempo que tardan en incorporarse al medio laboral, así como retomar otro tipo de actividades que hasta ese momento habían sido gratificantes y que podrían ayudar a la recuperación total de la percepción de enfermedad y como consecuencia a la superación  de la depresión y de las secuelas que a nivel emocional provoca esta enfermedad.

Por esto es tan importante ponerse en manos de un especialista que ayude a superar la depresión y así facilitar la superación, en ocasiones, del impacto del diagnóstico, la dureza de los tratamientos y las secuelas propias como el  miedo y la baja autoestima  que provoca esta enfermedad.