Se dice que es precocidad cuando el varón es incapaz de controlar de forma voluntaria la eyaculación, de manera que cuando alcanza un determinado nivel de excitación sexual eyacula de forma refleja. Por el contrario, se dice que existe control eyacular cuando el individuo tolera niveles altos de excitación, característicos de la etapa denominada “meseta” del ciclo de respuesta sexual, sin eyacular.

Dado que la respuesta de la mujer suele ser más lenta, es fundamental que el hombre adquiera la capacidad de controlar la eyaculación para ayudar a  acoplar los tiempos de ambos, de manera que ella pueda alcanzar niveles altos de excitación y llegar al orgasmo. Además, el hombre que sufre eyaculación precoz y sabe de su dificultad para controlar, no suele dar lugar a juegos preliminares, evitando la exploración sexual, convirtiendo los  encuentros sexuales en poco satisfactorios para ambos.

Ante este problema  el varón  acumula muchísima angustia, llegando a hacer imposible el acto sexual, debido a que está tan preocupado por no llegar  a niveles altos de excitación que se ve forzado a terminar bruscamente el encuentro. En la mayoría de las ocasiones esto es motivo de conflicto entre la pareja, debido a que en ocasiones la mujer no es consciente del esfuerzo del hombre para evitar que esto ocurra, sintiéndose utilizada y rechazada, provocando  unos sentimientos por parte de ambos muy negativos que derivan en incomunicación para evitar conflictos que les lleva a un círculo vicioso de cólera y rechazo que destruye el placer sexual.

El sentimiento de los hombres que padecen este trastorno es de muchísima infelicidad, pero dado el prejuicio que existe hacia este tipo de cuestiones, buscar la solución en  el tratamiento terapéutico suele ser  el último recurso después de haber intentado un sinfín de técnicas de control, como distraerse, concentrar la atención en imágenes no sexuales durante el coito, tensar músculos anales, morderse los labios, clavarse la uñas en la palma de la mano, etc. Con estos métodos, como mucho se consigue demorar el comienzo de la excitación, pero la falta de control persiste.

Las secuelas más frecuentes de este trastorno son:

  • Sentimiento de culpa por privar a su compañera de disfrute sexual.
  • Sentimiento de placer incompleto y fugaz.
  • Verguenza y ansiedad limitando los encuentros.
  • Esta ansiedad en muchos casos deriva en un trastorno de impotencia, que solo tras una evaluación clínica detallada se puede llegar a deducir si la causa fue la eyaculación precoz.

Este trastorno tiene tratamiento farmacológico eficaz  cuando es necesario, pero  tan solo es efectivo temporalmente, produciendo efectos positivos mientras dura el tratamiento. El tratamiento psicológico se considera más eficaz porque ayuda a que el varón adquiera una serie de herramientas permanentes para poder controlar la eyaculación y así conseguir tener encuentros sexuales satisfactorios.