El término fobia determina un miedo desproporcionado hacia algo o alguien que genera un malestar significativo en quien lo padece y que le limita profundamente.

Existen diferentes tipos de fobia, en este artículo vamos a referirnos a una de las que generan una dificultad mayor a la hora de desarrollar el potencial de cada persona, pues la interacción  adecuada con los demás es imprescindible para conseguir determinados objetivos generales.

Para poder determinar si alguien padece una fobia social es necesario que un especialista realice un diagnóstico determinante, pero en general este tipo de fobia se basa en lo siguiente:

  • Miedo a reunirse o a entablar una conversación con otras personas que no conoce, a que le observen realizando determinadas actuaciones como por ejemplo comer o beber algo, a hablar en público.
  • Miedo a manifestar síntomas que le hagan sentir mal o humillado ante los demás.
  • Las situaciones sociales en general, siempre provocan miedo o malestar y tienden a ser evitadas.

Hay que tener en cuenta que el malestar de la persona que lo padece debe ser muy intenso y desproporcionado para la situación real a la que se está enfrentando y que no existe otro diagnóstico previo de enfermedad mental u otra causa que pueda explicar la intensidad de ese miedo.

La fobia social suele tener inicio en la adolescencia y aparece por un temor hacia la opinión que puedan tener los demás sobre sí mismo, normalmente en un grupo pequeño de personas con las que establece comunicación.

La sintomatología observable es baja autoestima, ruborización, temblor de manos, náuseas, etc., se pueden llegar a desarrollar una crisis de pánico y la evitación de las situaciones que le generan este miedo puede producir finalmente aislamiento social.

El diagnóstico de la fobia social debe ser realizado siempre por un profesional que establecerá un criterio adecuado para llevar a cabo, en su caso, un tratamiento psicológico y farmacológico adecuado.