En cada momento de la historia, la situación general que rodea a cada persona influye para que éstas modifiquen y adapten su estilo de vida al momento correspondiente, modificando así ciertos hábitos y rutinas.

Es cierto que las personas adquieren y modifican  hábitos según  la información que les llega de en su entorno social y la que transmiten los medios de comunicación. La capacidad de adaptación a las nuevas situaciones es algo que en el ser humano es necesario porque evita cierta vulnerabilidad ante procesos depresivos o ansiosos.

En el momento actual, también se está produciendo una adaptación a las connotaciones implícitas de la época que nos ha tocado vivir, se está observando en los últimos años una modificación en cuanto al modelo de reforzador eficaz, concepto muy importante para la terapia psicológica, donde quizá el reforzador material se muestra menos relevante, dejando paso a un reforzador emocional más ventajoso. Desde este punto de vista adquirir un bien material, donde aparezca el instinto de  posesión natural del ser humano, va dejando paso a la realización de actividades placenteras y gratificantes distintas. Actividades que consiguen un efecto de evasión o desconexión de la rutina habitual en la que nuestra sociedad actual nos ha sumergido y que proporciona un estado emocional placentero, que facilita el encuentro con la felicidad. Seguimos de esta forma,  la teoría  que afirma que las cosas más importantes de la vida no son cosas, sino momentos, recuerdos, emociones…

Actualmente, varios estudios de diferentes universidades corroboran este hecho, revelando que aquello que aporta a las personas más riqueza emocional no es precisamente lo material.

Ante estos cambios, se observan ciertas actuaciones inadecuadas a nivel emocional en un número ciertamente elevado de casos, aparecen sobre todo en personas inseguras, con baja autoestima, que depositan su bienestar en manos de las actuaciones de los demás y que continuamente necesitan engrosar su ego para sentirse bien. Estas personas necesitan constantemente demostrar a los demás su triunfo, su felicidad, dar una imagen de  que su vida es perfecta. Estas personas necesitan estas actuaciones para encubrir otras carencias emocionales, la necesidad de parecer, aparentar felicidad y prestigio social…, estas personas piensan en los términos “Si no dejo que me vean conduciendo un gran coche o entrando en una casa ostentosa,  al menos tengo que informar de  que he viajado el fin de semana a un lugar maravilloso y envidiable” y para demostrarlo se dedican a contar sus hazañas envidiables a todo aquel con el que se cruzan, además de publicarlo en todas las redes sociales.

Desde el punto de vista de la salud emocional existe un aspecto importante a tener en cuenta que se  muestra como referente importante y necesario, se basa en evitar  siempre la batalla contra todo lo externo y en cambio competir cada día con uno mismo,  mejorando cada día mediante el esfuerzo. Si pasas la vida comparándote y luchando desenfrenadamente contra los demás siempre encontrarás algo en ellos que te hará sentir mal, pues siempre encontrarás algo que ellos puedan hacer mejor que tú. Es más, si notas que alguna persona con la que sueles rivalizar ha conseguido algo que para ti es importante, no envidies, no desprestigies los logros del  otro, no rivalices, simplemente valóralo y observa detenidamente lo que esa persona ha hecho para conseguir el objetivo y recorre tú el mismo camino de esfuerzo y dedicación para llegar a tal fin. Piensa siempre que el bien más preciado a conseguir en tu vida es SER FELIZ, no te equivoques en el camino.