Valoranos!

Todos sabemos que la salud de un niño demanda un sinfín de cuidados. Pero a veces se nos olvida que además de las atenciones  hacia su salud física también son muy necesarias las atenciones hacia su salud emocional. Para conseguir su salud psicológica es fundamental que el bebé crezca en un entorno familiar equilibrado.

Es importante tener en cuenta que para que el niño desde que nace adopte un estilo de vida sano, los padres deben dispensarles atención, compañía, caricias. Pero no es necesario que se ponga enfermo para que esto se realice, es necesario que estas atenciones de mantengan diariamente, porque así se previene la ansiedad.

La vulnerabilidad del niño le hace necesitar constantemente la atención de los padres. Sabemos que una caricia a tiempo es una actuación muy importante, al igual que cuando está enfermo el bebé necesita del apoyo, la ternura y la cercanía de sus progenitores.

El bebé nace muy desorientado y si lo coges en brazos y le muestras tu acercamiento, percibe tu calor y además recibe seguridad y confianza, se siente protegido. Así además aprenderá de ti y te conocerá a través del contacto. Mediante esta relación tendrá la primera experiencia y conocerá lo que es el amor.

La afectividad que trasmiten los padres en esta etapa es fundamental para el bebé y para su desarrollo. Un bebé sano emocionalmente también será un bebé que sanará antes de un resfriado o que tendrá menos dolor ante un proceso traumático.

Pasar el mayor tiempo posible con el bebé, hablarle con la máxima dulzura, susurrarle canciones cuando lo estás bañando, jugar con él estimulándole y acariciar su cuerpo tiernamente son acciones que benefician enormemente la evolución emocional del niño.

Además es importante que estas actuaciones no se queden en hechos aislados sino que se adquiera un hábito diario donde en el hogar se establezca un equilibrio inspirador de paz, armonía y orden.

Si los padres cuidamos estos aspectos el bebé crecerá en un perfecto equilibrio tanto físico como emocional.