Las personas reaccionan de diferente forma según las situaciones a las que se enfrentan, pero también personas diferentes reaccionan ante una misma situación de forma distinta. De ahí sabemos que cada persona es diferente a otra e interpretará su propia realidad, diferente  a la realidad de cualquier otra persona.

Para entender esto hay que conocer cómo funciona nuestro cerebro y cómo procesamos la información que recibimos del exterior.

Cada  situación que recibimos del exterior  llega a nuestro cerebro por alguno o varios de nuestros órganos de los sentidos, posteriormente el cerebro  elabora esta información y obtiene una conclusión. Para obtener esta conclusión el cerebro tiene en cuenta otras variables como pueden ser  la experiencia previa del individuo y su perfil de personalidad. Como conclusión emite una respuesta que puede ser diferente dependiendo de esta elaboración.

La teoría concluye que las personas que se perciben  como estables emocionalmente son capaces de emitir conclusiones que le generan más felicidad y sentimientos positivos que aquellas otras personas que padecen algún tipo de alteración emocional como puede ser una sintomatología ansiosa o depresiva.  Una persona con sintomatología ansiosa es probable que realice una elaboración de su experiencia más temerosa y con miedos, mientras que una persona con sintomatología depresiva  interpretará  su realidad de una forma más negativa y pesimista.

Desde esta teoría, las personas que están sufriendo sintomatología ansiosa o depresiva, están elaborando de forma inadecuada la información que reciben, utilizando un estilo de pensamiento distorsionado. En este caso se debería establecer un objetivo terapéutico basado en  la modificación de dichos pensamientos. Mediante la terapia cognitiva se deberían trabajar dichos pensamientos automáticos distorsionados, cuestionando su validez y cambiándolos por otros que permitan una mejor y más adecuada elaboración de la realidad.