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Para mentir se hace necesario no querer decir la verdad. Este planteamiento se hace necesario cuando se pretende dar una explicación a la necesidad que tienen ciertas  personas de mentir. Pues a veces la mentira se torna un propósito, que no siempre se cumple a pesar de que quien lo haya dicho crea que debería cumplirse. Pero claro, para ello es necesario utilizar bien la semántica y no caer en el uso expresiones que permitan una posibilidad de ejecución del hecho que sea distinta a la verdad.

Se pueden definir varios tipos de personas mentirosas, pero en el  fondo todo aquel que miente desea conseguir un objetivo con su mentira. También  la persona que miente porque ya ha asumido que la mentira se pueda haber convertido  en algo normal con lo que se deba convivir, pretende conseguir un objetivo, que quizá pase por sentirse adaptada en una sociedad que ha aceptado la mentira y que de alguna manera la ha normalizado, pero, según esto ¿podríamos decir que la persona honesta es una inadaptada social?

A nivel clínico debemos diferenciar varios casos de personas que tienen una necesidad patológica de mentir, son personas que tienen una necesidad impulsiva de mentir para crear un mundo idealizado, que se hace difícil de sostener mediante la verdad y que esta persona  necesita para construir una identidad falsa. Hay personas que mienten sin saber por qué lo hacen, pero suelen ser aquellas que están diagnosticados de algún trastorno de la personalidad.

Pero detrás de la necesidad de mentir hay algo más que hace necesario mentir aún a personas sin un diagnóstico clínico. Normalmente existe un objetivo, como es  conseguir aprobación y respeto por los demás, porque sienten que su vida no tiene suficientes condiciones reforzantes y la perciben poco gratificante.

La necesidad de intervención clínica hacia las personas mentirosas estará relacionada con el nivel de malestar que genera en la persona que miente, aunque normalmente el nivel de malestar viene dado por la complicación que esta situación de mentiras genera en su vida cotidiana, produciendo un estado de inadaptación y pudiendo llegar a producir sintomatología con necesidad de atención clínica a nivel ansioso y depresivo.