Según una investigación del Instituto de Salud Mental de Estados Unidos, más del 90% de las personas que se suicidan presentan algún problema mental, tal como depresión u otros trastornos mentales, o abuso de sustancias.

En España se ha convertido en la primera causa de muerte en varones de edad comprendida entre los 15 y los 30 años, siendo en las mujeres de la misma edad la segunda causa.

Aunque la presencia de un trastorno mental es en un factor necesario para que se llegue a producir el suicidio, la combinación con otros factores desembocan en una mayor o menor vulnerabilidad en quien lo padece.

Algunos factores que implican mayor vulnerabilidad son la pérdida de seres queridos, la violencia familiar, los problemas disciplinarios, confusión en la orientación sexual o ser víctima de acoso o de abusos físicos o sexuales.

El suicidio es muy difícil de predecir a sabiendas de que se dan estos factores de riesgo, pues la vulnerabilidad de cada persona es difícil de precisar.  Los expertos apuntan que la mejor forma de abordar este problema es la prevención. Para lo cual sería necesario una visualización correcta del suicidio por parte de los medios de comunicación, creando así una mayor conciencia social del problema y elaborar también un plan nacional sobre la prevención del suicidio.

No obstante, podemos definir algunas señales de advertencia que si las detectamos a tiempo en los jóvenes de riesgo pudieran salvar muchas vidas:

  • Observar que hace mención a temas sobre la muerte o a autolesionarse.
  • Observar que ha perdido el interés repentino ante cosas con las que antes disfrutaba.
  • Cambios de actitud bruscos como irascibilidad, retraimiento, apatía.
  • Cambios de comportamiento como dificultad para concentrarse y para realizar tareas habituales.
  • Cambios en el sueño, duerme mucho más de lo habitual, o insomnio.
  • Cambios extremos en la alimentación. Comer en exceso o no comer casi nada.
  • Expresión de miedo a perder el control sobre sí mismo y a que pueda hacer algo que no quiere hacer.
  • Frases que implican baja autoestima o descontento consigo mismo como “no valgo para nada” o “estarían mejor sin mí”.
  • Expresiones de que en el futuro no mejorará la situación actual que la percibe negativa y mala, sin ver solución posible.