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Son muchos los estudios que relacionan directamente la ingesta excesiva de alcohol con  una fuente de riesgo muy importante para el desarrollo de muchos tipos de cáncer (Huber y Tantiwongkosi, 2014). En otros tipos además, incrementa el riesgo de  recurrencia y predice un peor pronóstico e incrementa el riesgo de que aparezca un segundo cáncer.

La relación entre ingesta de alcohol y la mortalidad de personas que sobreviven al cáncer no está clara pues los datos no son concluyentes, aunque sí lo son en determinados tipos de cáncer como el de cabeza, boca o cuello.

Es importante destacar que después de un tratamiento de cáncer un porcentaje muy alto de pacientes adoptan hábitos de vida más saludables en general y también conlleva la moderación del hábito de la bebida, pero entre el 17 y el 40% de los pacientes manifiestan seguir teniendo un consumo problemático a pesar de las recomendaciones.

Este tipo de hábitos se asocia a rasgos de personalidad donde predomina el factor  neuroticismo, problemas para afrontar  la enfermedad, inestabilidad emocional, ansiedad, depresión, etc.

Además hay otros factores que pueden influir como la edad, el nivel educativo, nivel socioeconómico, situación de desempleo. En estos casos la intervención psicológica  es muy importante, en la que se utilizan técnicas conductuales encaminadas a aumentar la motivación para el cambio, analizando las situaciones de consumo y aprendiendo a buscar estrategias que permitan enfrentarse a disfrutar sin necesidad de beber. Así mismo potenciar las relaciones sociales basadas en la comunicación, resolución de problemas y canalización de sentimientos, así como las técnicas de relajación puede ser muy efectivo.

También se han visto  resultados exitosos en utilización de diversas técnicas, como grupos de autoayuda, en las que a través de grupos de carácter confidencial se expresan experiencias y se ayuda a trabajar la autoestima, así como las habilidades sociales, por consiguiente tienen un efecto directo en las relaciones personales.

En definitiva es importante saber que la ingesta abusiva de alcohol nunca debe ser algo que se deba utilizar como apoyo o refugio por el enfermo de cáncer, sino todo lo contrario, puede ser muy contraproducente para su evolución tanto emocional como de la propia enfermedad.