Aunque sea este un término que pueda parecer que tiene un uso reciente, hace ya más de cuarenta años que se utiliza  para definir la sintomatología física y emocional que presentan las personas que se dedican durante un tiempo prolongado a la atención a personas con un cierto nivel de dependencia. Normalmente la sintomatología que define el síndrome del cuidador viene provocada por el sobreesfuerzo y la dedicación, que genera un estrés que puede suponer alteraciones importantes en tres esferas importantes tales como son la salud física, emocional y social.

Una dedicación prolongada en el tiempo unido a un nivel de exigencia elevado puede llegar a producir en el cuidador una serie de mecanismos de defensa que aparecen a modo de señal de alarma y que consisten aparentemente en una expresión  de rechazo hacia la persona dependiente o a actuar despectivamente frente a ella, mostrando irascibilidad o también cansancio.

En este artículo se pretende señalar  las señales de alarma más frecuentes que aparecen puntualmente en el cuidador, para así poder poner remedio y evitar llegar al “burnout” o síndrome del quemado. Estas son algunas de estas señales:

  • Sensación constante de cansancio o fatiga.
  • Excesivo estado continuado de irascibilidad que se prolonga durante varios días.
  • Trastorno del sueño que se manifiesta en somnolencia diurna e insomnio durante la noche.
  • Tristeza, apatía y desmotivación.
  • Signos aparentes de ansiedad, dolores musculares, taquicardias, alteraciones digestivas…
  • Pérdida de memoria, escasa capacidad para la concentración y déficit atencional.
  • Apetito con cambios, puede estar relacionado con una ingesta excesiva de alimentos o con una inapetencia que le impide comer.
  • Tendencia al aislamiento social e incluso de actividades familiares. Huida de las actividades sociales.
  • Desinterés por las actividades que antes le aportaban algún beneficio emocional.
  • Aumento de ingesta de bebidas alcohólicas, consumo de tabaco o de otras sustancias psicoactivas.

En caso de notar algunas de estas señales de alarma se hará recomendable consultar con un especialista en salud mental para que realice una evaluación del alcance del proceso patológico y aporte una solución adecuada al problema.

La información facilitada por este medio no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención psicológica o médica  directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento en casos particulares.