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La frustración se define como un sentimiento negativo, producido por la impotencia, reacción que aparece al no ver nuestros deseos o expectativas cumplidas. La frustración es una de las emociones más comunes, la cual debemos saber manejar y superar adecuadamente, si no fuera así podría acarrear una sensación  constante de decepción.

En los momentos de dificultades o limitaciones, las personas tendemos a frustrarnos, lo que nos lleva en muchos casos a querer abandonar nuestras metas, por ello es tan importante saber controlar y canalizar esta emoción de forma positiva, así lograríamos no desanimarnos en intentar lograr lo que deseamos.

Para superar la frustración debemos centrarnos en un proceso de inversión, en función de los resultados que queramos obtener en nuestro proyecto, con cierto equilibrio, a través del cual debemos proponernos unos objetivos acordes a nuestras capacidades, ya que si están por debajo nos aburriríamos abandonando de esta manera el proyecto, en cambio si está por encima de nuestras posibilidades nos acabaremos frustrando  continuamente.

A este proceso cabe sumarle la ansiedad, desesperanza y rabia que puede sentir una persona frustrada, además del sentimiento de culpabilidad que aparecerá hacia su entorno o hacia sí mismo.

Este proceso forma parte de un aprendizaje que debe hacerse de forma saludable, con la adquisición de un cierto nivel de madurez que nos ayudará a gestionar los problemas o preocupaciones en futuros objetivos que puedan plantearse, haciendo de esta forma que no se llegue a abandonar cualquier reto que se proponga. Este aprendizaje  ayudará  también a reforzar la autoestima.

Las causas que ayudan o dificultan la aparición de este proceso adecuado de gestión tiene que ver con varios factores: la situación personal, las creencias, la educación y la cultura con la que convivimos. Al aprender una adecuada forma de actuación ante los proyectos, se propiciará una nueva manera de actuar, haciéndonos más flexibles y menos vulnerables a la frustración.