Vive sin máscaras. Si indagamos en el significado de la “máscara”, como aquello que nos cubre, nos percatamos de la posibilidad de SER, aunque sea por unos instantes, otra persona, o más bien de representar un rol distinto al de nuestra vida cotidiana, ya sea más atrevido, coqueto, extravertido, etc., es decir, nos podemos dejar llevar por cierta desinhibición. Como si al no reconocernos en el espejo de manera rápida pudiésemos adquirir ciertas características personales que no nos permitimos en nuestra vida diaria.

Así pues, a nivel psicológico, la participación en el festejo del Carnaval, y la acción de disfrazarse, concede libertad, ya que posibilita expresar rasgos de personalidad reprimidos o no expresados normalmente, lo cual resulta una actividad muy positiva y también divertida.

Desde la vivencia del disfraz o máscara se dispone de un espacio que genera mayor seguridad, sobre todo para aquellas personas con características asociadas a la timidez e introversión, porque supone un ejercicio de expresión y expansión que por vergüenza ocultan o no manifiestan… Además, con ello desarrollamos nuestra faceta más original y nuestras habilidades de creatividad.

Pero, también es cierto, que no se necesita un disfraz para llevar una máscara, por ello te proponemos: VIVIR SIN MÁSCARAS. Normalmente, nos autocensuramos, es decir, reprimimos ciertas características personales que interpretamos como debilidades, pero ¿es esto saludable?

Teniendo todo ello en cuenta resulta importante analizarnos, para disponer de un mayor autoconocimiento y así descubrir nuestro “yo real”, y desde la aceptación incondicional de como ya somos, emprender un ejercicio de crecimiento personal hacia nuestro “yo ideal”. Ya que, desde la Teoría de los Yoes de Karen Horney, cuanto más cerca esté nuestro yo real del yo ideal mayor será nuestro índice de felicidad autopercibido.