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Día Mundial del Alzhéimer: el papel de la psicología en pacientes, familiares y cuidadores

Cada 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, una fecha destinada a dar visibilidad a una enfermedad que afecta a millones de personas y que, más allá de la pérdida progresiva de memoria y otras capacidades cognitivas, puede tener un profundo impacto emocional tanto en quien la padece como en las personas que la acompañan.

Cuando hablamos de Alzheimer, solemos pensar en el diagnóstico, en los olvidos, en las dificultades para desenvolverse en el día a día o en la progresión de la enfermedad. Sin embargo, existe otra dimensión que también necesita atención: la salud mental de la persona con Alzheimer, de sus familiares y de quienes asumen las tareas de cuidado.

Desde la psicología, acompañar este proceso puede ser importante para aprender a gestionar las emociones, afrontar los cambios y encontrar recursos para cuidar sin descuidarse a uno mismo.

¿Qué supone emocionalmente convivir con el Alzheimer?

Recibir un diagnóstico de Alzheimer puede generar diferentes reacciones emocionales. No todas las personas viven el proceso de la misma manera, pero es habitual que aparezcan sentimientos relacionados con la preocupación, el miedo, la tristeza, la incertidumbre o la frustración.

La evolución de la enfermedad también puede implicar cambios en las rutinas, en las relaciones familiares y en la autonomía de la persona.

Para quien recibe el diagnóstico, aceptar que algunas capacidades pueden ir cambiando con el tiempo puede resultar difícil. Para la familia, afrontar esa evolución también puede generar una sensación de pérdida progresiva de la persona que conocían.

Por eso, hablar de Alzheimer también significa hablar de emociones, adaptación y salud mental.

La demencia no debe entenderse únicamente desde una perspectiva cognitiva. La Organización Mundial de la Salud señala que su impacto puede extenderse a las personas con demencia, sus familias y sus cuidadores, con consecuencias psicológicas, sociales y económicas.

Ansiedad, tristeza, frustración y miedo: emociones que pueden aparecer

La convivencia con una enfermedad neurodegenerativa puede generar una gran variedad de emociones.

La ansiedad puede aparecer ante la incertidumbre sobre cómo evolucionará la enfermedad o ante determinadas situaciones cotidianas.

La tristeza puede estar relacionada con los cambios que se producen en la persona y en la relación que mantiene con su entorno.

También puede aparecer frustración, especialmente cuando las dificultades cognitivas dificultan la comunicación o hacen que actividades que antes eran sencillas se conviertan en un reto.

Y junto a todo ello puede aparecer el miedo: miedo al futuro, a no saber cómo actuar, a no poder cuidar adecuadamente o a perder progresivamente aspectos importantes de la relación.

Todas estas emociones pueden formar parte de un proceso de adaptación. Sin embargo, cuando se mantienen durante mucho tiempo, interfieren en la vida cotidiana o generan un malestar importante, puede ser conveniente buscar apoyo profesional.

El impacto psicológico del Alzheimer en familiares y cuidadores

Uno de los aspectos que en ocasiones queda en segundo plano es el impacto que la enfermedad puede tener sobre los familiares y cuidadores.

Cuidar de una persona con Alzheimer puede convertirse progresivamente en una responsabilidad exigente. Las tareas de cuidado, los cambios en las rutinas, la necesidad de supervisión y la adaptación constante a nuevas situaciones pueden generar una importante carga emocional.

La OMS destaca precisamente que cuidar a una persona con demencia puede resultar abrumador y recomienda buscar apoyo cuando sea necesario.

El cuidador puede llegar a experimentar:

  • Cansancio y agotamiento emocional.
  • Estrés.
  • Ansiedad.
  • Tristeza.
  • Irritabilidad.
  • Sentimientos de culpa.
  • Sensación de impotencia.
  • Dificultades para dormir.
  • Aislamiento social.
  • Falta de tiempo para uno mismo.

Reconocer estas señales no significa querer menos a la persona que necesita cuidados. Significa reconocer que el cuidador también necesita cuidarse.

El duelo por los cambios progresivos de la persona

Uno de los procesos emocionales más complejos relacionados con el Alzheimer puede ser el llamado duelo ante las pérdidas asociadas a la evolución de la enfermedad.

La persona continúa estando presente, pero determinadas capacidades, comportamientos, recuerdos o formas de relacionarse pueden cambiar.

Esto puede generar emociones contradictorias.

Puede existir amor y cariño, pero también tristeza. Puede haber paciencia en algunos momentos y frustración en otros. Incluso pueden aparecer sentimientos de culpa por experimentar determinadas emociones.

Hablar de estos sentimientos en un espacio psicológico puede ayudar a comprenderlos y gestionarlos sin juzgarse.

No se trata de eliminar las emociones difíciles, sino de aprender a convivir con ellas de una manera más saludable.

¿Cómo puede ayudar la psicología ante el Alzheimer?

La intervención psicológica puede ser útil para acompañar las dificultades emocionales que aparecen alrededor de la enfermedad.

El objetivo no es tratar el Alzheimer desde la psicología, sino atender el impacto emocional que la enfermedad puede generar en la persona y en su entorno.

Dependiendo de cada situación, el acompañamiento psicológico puede ayudar a:

  • Gestionar ansiedad y estrés.
  • Afrontar los cambios asociados a la enfermedad.
  • Trabajar sentimientos de culpa o impotencia.
  • Facilitar la adaptación a nuevas circunstancias.
  • Mejorar recursos de afrontamiento.
  • Acompañar procesos de duelo.
  • Favorecer el autocuidado del cuidador.
  • Trabajar dificultades emocionales relacionadas con la convivencia.
  • Encontrar estrategias para afrontar determinadas situaciones familiares.

Además, la intervención psicológica debe adaptarse a las necesidades concretas de cada persona y de cada familia.

No existe una única manera de vivir el Alzheimer.

Cuidar al cuidador también es cuidar

Cuando una persona asume el papel de cuidador, es frecuente que sus propias necesidades pasen a un segundo plano.

Puede aparecer la idea de que descansar, pedir ayuda o reservar tiempo para uno mismo significa abandonar a la persona que necesita cuidados.

Pero ocurre precisamente lo contrario.

Cuidarse no es egoísmo. Es una parte importante del cuidado.

Contar con una red de apoyo, mantener espacios personales, expresar las emociones y pedir ayuda cuando la situación supera los propios recursos puede facilitar que el cuidador afronte el proceso de una manera más sostenible.

Alzheimer’s Society señala que los cuidadores pueden experimentar estrés, aislamiento y dificultades emocionales, y recomienda buscar apoyo antes de llegar a una situación de crisis. También recoge que las terapias psicológicas pueden proporcionar un espacio para hablar sobre estas dificultades y trabajar determinadas emociones y patrones de pensamiento.

¿Cuándo pedir ayuda a un psicólogo?

No es necesario esperar a encontrarse al límite para pedir ayuda.

Puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicología cuando el malestar emocional comienza a interferir de forma significativa en la vida cotidiana.

Algunas señales pueden ser:

  • Sentir que la situación resulta imposible de afrontar.
  • Mantener un estado de ansiedad o tristeza durante mucho tiempo.
  • Tener dificultades importantes para dormir.
  • Sentirse constantemente irritable o desbordado.
  • Experimentar sentimientos intensos de culpa.
  • Aislarse de familiares o amigos.
  • Dejar de realizar actividades que antes resultaban agradables.
  • Sentir que ya no se dispone de recursos para continuar afrontando la situación.

Pedir ayuda psicológica no significa que una persona sea incapaz de afrontar las circunstancias. En muchas ocasiones significa precisamente buscar herramientas para poder hacerlo mejor.

Psicología en Córdoba y terapia online

Afrontar las consecuencias emocionales del Alzheimer puede resultar especialmente complicado cuando las responsabilidades familiares dificultan encontrar tiempo para desplazarse.

En estos casos, la terapia online puede facilitar el acceso a atención psicológica desde casa, siempre que esta modalidad sea adecuada para las necesidades de la persona.

En Alphil Psicólogos, ofrecemos atención psicológica en Córdoba y también psicología online, facilitando que las personas puedan acceder a un espacio profesional de acompañamiento independientemente de sus circunstancias o lugar de residencia.

Si estás buscando psicólogos en Córdoba, un psicólogo en Córdoba o psicólogos online, contar con un espacio donde poder expresar lo que estás viviendo y trabajar las dificultades emocionales puede ser un primer paso para sentirte acompañado.

En el Día Mundial del Alzhéimer, también hablamos de salud mental

El Día Mundial del Alzhéimer es una oportunidad para recordar que detrás de cada diagnóstico existe una persona y, en muchas ocasiones, una familia que también necesita apoyo.

El Alzheimer puede cambiar rutinas, relaciones y proyectos. Puede generar incertidumbre, tristeza, frustración y miedo. Pero las personas que acompañan este proceso no tienen por qué hacerlo solas.

La psicología puede ofrecer un espacio para comprender lo que está ocurriendo, gestionar las emociones y desarrollar recursos para afrontar los cambios.

Porque cuidar de alguien también implica cuidar de quienes cuidan.

Y pedir ayuda cuando se necesita también forma parte del cuidado.

Si estás atravesando una situación relacionada con el Alzheimer y necesitas apoyo psicológico, en Alphil Psicólogos puedes encontrar atención psicológica presencial en Córdoba y terapia online.