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Del «+1000 de aura» al «-1000 de autoestima»: cuando las redes convierten nuestra vida en una competición

¿Has escuchado hablar de las batallas de farmear aura? Si tienes hijos adolescentes, utilizas TikTok o simplemente pasas algún tiempo en redes sociales, es posible que te hayas encontrado con expresiones como «+1000 de aura», «-500 de aura» o «está farmeando aura».

Lo que comenzó como una expresión relacionada con la cultura gamer y las redes sociales se ha convertido en una tendencia viral que incluso ha llegado a las calles de España. Las llamadas batallas de aura enfrentan de manera simbólica a jóvenes que intentan demostrar carisma, seguridad o presencia ante un público.

A primera vista, puede parecer simplemente una moda divertida. Y, en muchos casos, lo es.

Pero existe una pregunta psicológica interesante detrás de este fenómeno:

¿Qué ocurre cuando empezamos a vivir nuestra vida como si constantemente estuviéramos acumulando o perdiendo puntos?

¿Qué significa «farmear aura»?

El término «farmear» procede del lenguaje de los videojuegos y hace referencia a realizar determinadas acciones para conseguir recursos, experiencia o mejorar las características de un personaje.

En las redes sociales, «farmear aura» se utiliza de una manera mucho más informal para describir comportamientos que proyectan seguridad, carisma, estilo o presencia.

Así, una persona puede hacer algo que impresione a los demás y recibir simbólicamente «+1000 de aura». Por el contrario, una situación incómoda, una reacción considerada poco segura o algo que genere vergüenza puede convertirse, en tono de humor, en un «-1000 de aura».

Las batallas de farmear aura llevan esta lógica un paso más allá: dos personas compiten por demostrar quién proyecta mayor presencia ante quienes observan.

El fenómeno está creciendo especialmente entre adolescentes y jóvenes y ya ha generado encuentros presenciales en distintos países, incluida España.

Y precisamente aquí aparece una conexión interesante con la psicología.

De los puntos de aura a los puntos sociales

Aunque los puntos de aura no existen realmente, representan de una forma divertida algo que sí existe: la evaluación social.

Desde pequeños aprendemos a preguntarnos cómo nos ven los demás.

¿Les caigo bien?

¿Soy interesante?

¿Me consideran atractivo?

¿Encajo en el grupo?

¿He hecho el ridículo?

¿Estoy a la altura?

Las redes sociales han añadido algo nuevo a este proceso: ahora muchas de estas señales pueden parecer cuantificables.

Un «me gusta».

Un comentario.

Un seguidor nuevo.

Una visualización.

Una fotografía que funciona mejor que otra.

Un vídeo que se comparte.

Aunque estos números no determinan nuestro valor personal, pueden hacer que nuestro cerebro empiece a interpretarlos como indicadores de aceptación.

Y ahí es donde la comparación social puede empezar a tener un peso importante.

Cuando compararnos se convierte en una competición

Las redes sociales nos permiten observar constantemente fragmentos de la vida de otras personas.

Personas que parecen más atractivas.

Más seguras.

Más populares.

Más exitosas.

Con más amigos.

Con mejores relaciones.

Con más seguidores.

El problema no está necesariamente en compararnos. La comparación social forma parte del funcionamiento humano.

La dificultad aparece cuando la comparación se convierte en una medida permanente de nuestro propio valor.

Entonces podemos pasar de pensar:

«Qué interesante lo que hace esta persona».

a pensar:

«¿Por qué yo no soy así?».

Y posteriormente:

«Quizá yo valgo menos».

La investigación reciente sobre redes sociales y adolescencia señala precisamente la importancia de procesos como la comparación social, la autopresentación y la construcción de la identidad. No se trata simplemente de cuántas horas pasa una persona delante de una pantalla, sino también de qué hace en ella y cómo interpreta lo que ve.

El problema no es querer gustar

Querer gustar, sentirse valorado o recibir reconocimiento no es necesariamente algo negativo.

Todos necesitamos cierta aceptación social.

El problema aparece cuando la aprobación externa empieza a convertirse en la principal fuente de autoestima.

Cuando necesitamos constantemente comprobar que gustamos.

Cuando una publicación con pocos «likes» puede arruinarnos el día.

Cuando eliminamos una fotografía porque no ha tenido la respuesta esperada.

Cuando sentimos que otras personas tienen una vida mucho mejor que la nuestra.

Cuando evitamos determinadas situaciones por miedo a quedar mal.

O cuando sentimos que tenemos que construir una versión de nosotros mismos para conseguir aceptación.

En ese momento, quizá ya no estamos simplemente «farmeando aura».

Estamos intentando farmear autoestima.

Y la autoestima no funciona así.

Tu valor no se mide en puntos

Una de las trampas de las redes sociales es que pueden convertir aspectos complejos de nuestra vida en números.

Pero una persona no puede reducirse a seguidores.

Una relación no puede medirse en fotografías.

La belleza no tiene un contador.

La seguridad personal no depende de cuántas personas nos miren.

Y nuestro valor como personas no aumenta ni disminuye según la cantidad de aprobación que recibamos.

Podemos tener un día en el que nos sintamos inseguros y seguir teniendo exactamente el mismo valor.

Podemos equivocarnos delante de otras personas y no haber «perdido» nada.

Podemos no gustarle a alguien y continuar siendo personas válidas.

No necesitamos tener +1000 de aura para merecer respeto, cariño o aceptación.

¿Y qué ocurre con los adolescentes?

Esta cuestión puede resultar especialmente relevante durante la adolescencia.

La adolescencia es una etapa en la que se producen importantes cambios en la identidad, las relaciones sociales y la percepción de uno mismo. La opinión de los iguales puede adquirir una importancia especial y las redes sociales añaden un escenario permanente donde mostrarse, compararse y recibir respuestas.

Por eso, más que demonizar tendencias como las batallas de aura, puede ser mucho más útil intentar comprender qué hay detrás.

Una batalla de aura puede ser simplemente un juego.

Una broma.

Una forma de socializar.

Una manera de expresarse.

Pero también puede servirnos para hablar con nuestros hijos sobre cuestiones mucho más importantes:

¿Qué significa para ti sentirte seguro?

¿Cuánto te importa la opinión de los demás?

¿Qué ocurre cuando sientes que no encajas?

¿Cuánto de lo que muestras en redes representa realmente quién eres?

Estas conversaciones pueden ser mucho más útiles que simplemente decirles que «las redes sociales son malas».

De «farmear aura» a construir una autoestima más estable

Quizá la verdadera pregunta no sea cómo conseguir más aura.

Quizá sea aprender a no necesitar constantemente que los demás nos confirmen cuánto valemos.

Construir una autoestima saludable implica poder reconocer nuestras capacidades, aceptar nuestras limitaciones y entender que nuestro valor no depende de estar constantemente demostrando algo.

Porque en la vida real no existe un marcador.

No hay un público asignándonos puntos.

No hay un «+1000» después de cada éxito ni un «-1000» después de cada error.

Y probablemente una de las formas más sanas de relacionarnos con las redes sociales sea recordar precisamente eso:

No somos un perfil.
No somos nuestros seguidores.
No somos nuestros «likes».
Y, desde luego, no somos nuestros puntos de aura.

Si sientes que la comparación constante, la necesidad de aprobación, la inseguridad o el uso de las redes sociales están afectando a tu bienestar, hablar con un profesional puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y desarrollar herramientas para relacionarte contigo mismo y con los demás de una forma más saludable.

En Alphil Psicólogos, nuestra clínica de psicología en Córdoba, ofrecemos atención psicológica adaptada a las necesidades de cada persona, tanto mediante consulta presencial en Córdoba como a través de terapia online y consulta online.

Porque quizá no necesites conseguir más puntos.

Quizá necesites dejar de medir tu valor en ellos.