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Cuando parece que tu futuro depende de una nota: la importancia de gestionar la espera

Hay pocos momentos tan intensos para un estudiante como los días posteriores a la Selectividad. Los exámenes han terminado, ya no queda nada por estudiar y, sin embargo, la tensión continúa. Comienza entonces una espera silenciosa en la que miles de jóvenes revisan una y otra vez las fechas de publicación de resultados, calculan posibles notas de corte y tratan de imaginar qué ocurrirá con su futuro.

Es una situación que cada año viven miles de familias y que recientemente ha sido abordada en un interesante artículo publicado por La Vanguardia. En él participa Rafael Sastre, psicólogo del equipo de Alphil Psicólogos y también miembro del equipo de Psicología del Hospital Quirónsalud Córdoba, aportando una visión profesional sobre el impacto emocional que puede generar este periodo de incertidumbre.

Desde Alphil Psicólogos queremos compartir y dar difusión a esta reflexión porque pone sobre la mesa una realidad que afecta a numerosos jóvenes: la sensación de que toda una vida puede quedar definida por una única calificación.

Mucho más que una nota

Cuando hablamos de Selectividad o de acceso a la universidad, solemos centrarnos en números, décimas y notas de corte. Sin embargo, detrás de cada expediente académico hay una historia personal.

Hay años de esfuerzo, expectativas familiares, ilusiones, renuncias y proyectos de futuro. Por eso, cuando llega el momento de conocer los resultados, no es extraño que aparezcan emociones intensas como nerviosismo, miedo, frustración o incertidumbre.

Tal y como explica Rafael Sastre en el artículo de La Vanguardia, muchos estudiantes viven este proceso como si una única nota fuese a determinar definitivamente quiénes serán o qué podrán conseguir en la vida. Sin embargo, la realidad es mucho más amplia y compleja.

La presión de tener que decidir el futuro demasiado pronto

A los 17 o 18 años se toman decisiones que parecen enormes. Elegir una carrera universitaria, plantearse una profesión o imaginar cómo será la vida adulta puede generar una presión difícil de gestionar.

Además, vivimos en una cultura que a menudo transmite mensajes como «no puedes equivocarte» o «esta oportunidad es única». Estas ideas aumentan la sensación de amenaza y hacen que cualquier resultado académico se perciba como algo mucho más trascendente de lo que realmente es.

La consecuencia es que muchos jóvenes experimentan niveles elevados de ansiedad incluso después de haber terminado los exámenes.

La incertidumbre también genera desgaste emocional

Existe una falsa creencia según la cual el estrés desaparece cuando termina la prueba importante. Sin embargo, en muchas ocasiones ocurre exactamente lo contrario.

La espera activa mecanismos psicológicos relacionados con la incertidumbre. El cerebro intenta anticipar escenarios, prever consecuencias y buscar certezas donde todavía no existen respuestas.

Por eso es habitual que durante estos días aparezcan pensamientos repetitivos como:

  • ¿Y si no consigo la nota que necesito?
  • ¿Y si no entro en la carrera que quiero?
  • ¿Y si decepciono a mi familia?
  • ¿Y si tengo que cambiar mis planes?

Este diálogo interno puede convertirse en una importante fuente de malestar emocional.

Cuando la autoestima se vincula al rendimiento

Uno de los riesgos más frecuentes durante esta etapa es identificar el valor personal con los resultados académicos.

Muchos estudiantes terminan creyendo que una buena nota significa éxito personal y que una nota inferior a la esperada supone un fracaso. Sin embargo, la autoestima no debería depender exclusivamente del rendimiento académico.

Las calificaciones reflejan el resultado de un examen en un contexto determinado, pero no definen la inteligencia, las capacidades, el potencial ni el valor de una persona.

Este es uno de los mensajes más importantes que los profesionales de la psicología intentan transmitir durante estas fechas.

Existen más caminos de los que imaginamos

Otro aspecto que destaca Rafael Sastre es la necesidad de ampliar la perspectiva.

Cuando un joven lleva meses o incluso años visualizando una única opción académica, cualquier obstáculo puede parecer insalvable. Sin embargo, la experiencia demuestra que existen múltiples itinerarios para alcanzar objetivos profesionales similares.

Cambiar de universidad, acceder por otra vía, cursar estudios relacionados o replantear temporalmente el camino elegido no implica renunciar a un sueño.

En muchas ocasiones, lo que inicialmente se vive como una decepción termina convirtiéndose en una oportunidad inesperada de crecimiento personal.

El papel de las familias durante la espera

Las familias también viven este proceso con intensidad. Padres y madres desean que sus hijos alcancen sus metas y, sin darse cuenta, pueden transmitir parte de su propia preocupación.

Por ello, los especialistas recomiendan acompañar desde la escucha, evitando añadir presión innecesaria y recordando que el bienestar emocional debe seguir siendo prioritario independientemente del resultado académico.

Los jóvenes necesitan sentir que son valorados por quienes son, no únicamente por las notas que obtienen.

Aprender a convivir con la incertidumbre

Quizá una de las enseñanzas más valiosas de esta etapa sea precisamente aprender a convivir con aquello que no podemos controlar.

No podemos modificar el examen una vez realizado. No podemos acelerar la publicación de resultados. No podemos conocer el futuro con absoluta certeza.

Lo que sí podemos hacer es cuidar nuestra salud mental durante la espera, mantener rutinas saludables, apoyarnos en nuestro entorno y recordar que ninguna nota tiene la capacidad de definir completamente nuestra vida.

Una reflexión necesaria

Desde Alphil Psicólogos queremos agradecer la labor divulgativa realizada por Rafael Sastre, psicólogo de nuestro equipo y miembro también del equipo de Psicología del Hospital Quirónsalud Córdoba, en este artículo publicado por La Vanguardia.

Su reflexión nos recuerda algo fundamental: detrás de cada nota existe una persona, una historia y un futuro lleno de posibilidades.

Porque una calificación puede abrir o cerrar algunas puertas, pero nunca determina el valor de quien la recibe. Y, sobre todo, porque el futuro de una persona siempre es mucho más grande que cualquier número.