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Desconectar también se entrena: la importancia de descansar para cuidar la salud mental

Las vacaciones suelen asociarse con descanso, desconexión y tiempo para uno mismo. Sin embargo, para muchas personas la realidad es muy distinta. Aunque el ordenador quede apagado y la oficina cierre sus puertas, el trabajo continúa presente a través del teléfono móvil. Un correo electrónico, una llamada inesperada, una notificación o la necesidad casi automática de comprobar «por si acaso» que todo sigue bajo control hacen que la mente permanezca conectada incluso cuando el cuerpo intenta descansar.

Vivimos en una época en la que estar siempre disponible parece haberse convertido en una virtud profesional. La tecnología ha facilitado enormemente nuestra forma de trabajar, pero también ha difuminado los límites entre la vida laboral y la personal. Como consecuencia, cada vez resulta más difícil desconectar de verdad.

Esta realidad ha sido abordada en un interesante artículo publicado por El Conciso, en el que participa Victoria Rodríguez, psicóloga del equipo de Alphil Psicólogos y jefa del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén. En él, la especialista explica cómo la hiperconexión puede impedir que nuestro cerebro complete el proceso de recuperación que necesita después de meses de exigencia laboral.

Desde Alphil Psicólogos queremos compartir y dar difusión a este contenido porque pone sobre la mesa una cuestión que afecta a miles de personas cada verano: descansar no consiste únicamente en dejar de trabajar, sino en permitir que la mente también pueda hacerlo.

El descanso no empieza cuando comienzan las vacaciones

Existe la creencia de que basta con activar el mensaje de «fuera de la oficina» para que nuestro cerebro cambie automáticamente al modo descanso. Sin embargo, nuestro sistema nervioso no funciona de esa manera.

Durante meses acumulamos reuniones, plazos, responsabilidades, decisiones importantes y una continua atención a las demandas laborales. Poco a poco, el cerebro se acostumbra a funcionar en un estado permanente de alerta.

Cuando finalmente llegan las vacaciones, el entorno cambia, pero nuestra mente continúa respondiendo con la misma velocidad que durante la jornada laboral.

Por ello, como explica Victoria Rodríguez en el artículo de El Conciso, es habitual que durante los primeros días aparezcan síntomas como inquietud, dificultad para relajarse, necesidad de consultar el teléfono móvil, despertares nocturnos o la sensación de que «algo se nos está olvidando».

No es una cuestión de falta de voluntad. Es una respuesta completamente normal de un cerebro que necesita tiempo para abandonar ese estado de activación constante.

La hiperconexión: el enemigo silencioso del descanso

Muchas personas mantienen el móvil cerca durante las vacaciones convencidas de que únicamente responderán «si surge algo importante». Sin embargo, esa disponibilidad permanente tiene consecuencias que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidas.

Cada notificación activa nuevamente los circuitos de atención y vigilancia del cerebro. Aunque responder a un correo pueda parecer una tarea de apenas unos minutos, nuestro organismo interpreta que debe volver a ponerse en funcionamiento.

En el artículo, el enfermero del trabajo Javier Doñas explica que el organismo no distingue entre una emergencia real y un correo recibido a última hora de la noche. En ambos casos, el eje del estrés permanece activado.

Esta respuesta fisiológica sostenida puede provocar fatiga persistente, tensión muscular, cefaleas, alteraciones digestivas, irritabilidad, dificultades para dormir e incluso una mayor vulnerabilidad frente a pequeñas enfermedades.

No es extraño, por tanto, que muchas personas regresen de vacaciones con la sensación de necesitar… otras vacaciones.

Desconectar no es un lujo, es una necesidad

Con frecuencia entendemos el descanso como una recompensa después del esfuerzo. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico y fisiológico, descansar forma parte del propio rendimiento.

El cerebro necesita periodos de baja exigencia para reorganizar la información, consolidar aprendizajes y recuperar recursos cognitivos y emocionales.

Cuando eliminamos esos espacios de recuperación, el nivel de estrés se mantiene elevado durante demasiado tiempo, aumentando el riesgo de agotamiento emocional, ansiedad o incluso síndrome de burnout.

Aprender a desconectar debería formar parte de nuestros hábitos de autocuidado con la misma importancia que mantener una alimentación equilibrada o realizar ejercicio físico.

¿Es necesario apagar el móvil completamente?

Una de las aportaciones más interesantes de Victoria Rodríguez es que no existe una única forma correcta de desconectar.

En algunos perfiles profesionales, especialmente directivos, autónomos o personas con elevadas responsabilidades, cortar de forma absoluta el contacto con el trabajo puede generar incluso más ansiedad.

Por ello, la especialista propone estrategias progresivas y realistas.

Entre ellas destacan establecer una única franja horaria para revisar el correo electrónico, limitar el tiempo dedicado a esas consultas, desactivar las notificaciones automáticas y planificar con antelación la delegación de responsabilidades antes de comenzar las vacaciones.

El objetivo no consiste en ignorar completamente el trabajo, sino en evitar que marque el ritmo de nuestro descanso.

El aburrimiento también es saludable

Vivimos acostumbrados a llenar cada momento libre con algún estímulo. Si no estamos trabajando, consultamos redes sociales. Si esperamos unos minutos, sacamos el teléfono móvil. Si estamos de vacaciones, organizamos continuamente actividades.

Sin embargo, el artículo recuerda una idea muy interesante: el aburrimiento también cumple una función psicológica.

Los momentos de calma permiten que nuestro cerebro procese experiencias, reorganice pensamientos y recupere recursos atencionales.

Cuando sustituimos continuamente esos espacios por pantallas, notificaciones o tareas pendientes, el cerebro simplemente cambia de estímulo, pero nunca llega a descansar realmente.

El papel de las empresas

Aunque solemos pensar que la desconexión depende únicamente de la voluntad individual, la realidad es mucho más compleja.

Tal y como señala el artículo, las organizaciones también desempeñan un papel fundamental.

Crear protocolos claros de sustitución, evitar contactos innecesarios durante las vacaciones y respetar realmente los periodos de descanso son medidas que benefician tanto a los trabajadores como a la propia empresa.

Una plantilla que descansa adecuadamente regresa con mayor energía, creatividad, capacidad de concentración y motivación.

En este sentido, la desconexión digital no debería entenderse como un privilegio, sino como una medida preventiva para proteger la salud psicológica.

Recuperar el equilibrio

Las vacaciones representan una oportunidad para reconectar con aspectos que durante el resto del año suelen quedar relegados.

Dormir sin despertador, compartir tiempo con la familia, pasear sin prisas, leer, practicar deporte, viajar o simplemente no hacer nada son experiencias que permiten al cerebro abandonar el estado de alerta permanente.

Como explica Victoria Rodríguez, la clave no consiste en evitar completamente cualquier pensamiento relacionado con el trabajo, sino en impedir que esos pensamientos dirijan nuestro comportamiento.

Con el paso de los días, el cerebro vuelve a asociar ese tiempo con descanso, tranquilidad y recuperación.

Una reflexión necesaria sobre el bienestar psicológico

Desde Alphil Psicólogos queremos poner en valor la importante labor divulgativa que realiza nuestra compañera Victoria Rodríguez, psicóloga de nuestro equipo y jefa del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén.

Su participación en el artículo publicado por El Conciso ofrece una visión rigurosa y cercana sobre un problema que afecta cada vez a más personas: la dificultad para desconectar del trabajo incluso durante las vacaciones.

En un momento histórico en el que la hiperconexión parece haberse normalizado, recordar que descansar también es una necesidad psicológica resulta más importante que nunca.

Porque cuidar la salud mental no siempre implica hacer grandes cambios. A veces comienza con un gesto tan sencillo como silenciar las notificaciones, guardar el teléfono durante unas horas y permitir que nuestra mente haga exactamente aquello para lo que también está preparada: descansar.