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Estrés térmico y salud mental: cómo el calor afecta a nuestras emociones, según el Hospital Quirónsalud Córdoba

Cuando pensamos en los efectos del calor, solemos asociarlo con el cansancio, la sudoración o la necesidad de hidratarnos. Sin embargo, hay un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido: el impacto que las altas temperaturas tienen sobre nuestra salud mental. Si en verano notas que estás más irritable, te cuesta concentrarte o reaccionas con menos paciencia de lo habitual, probablemente no sea una simple percepción.

Precisamente sobre este tema profundiza un interesante artículo publicado por El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, en el que participa el doctor Francisco Lara, jefe del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba, quien explica desde un enfoque científico por qué el calor modifica nuestro estado emocional y cómo podemos minimizar sus efectos.

Desde Alphil Psicólogos queremos dar difusión a este contenido porque consideramos fundamental acercar a la población información rigurosa sobre salud mental, especialmente cuando proviene de profesionales de referencia como el doctor Francisco Lara y del equipo del Hospital Quirónsalud Córdoba, una institución comprometida con la divulgación sanitaria basada en la evidencia.

El calor también afecta a la mente

Durante una ola de calor es habitual escuchar frases como «estoy de mal humor» o «no aguanto a nadie». Aunque puedan parecer simples comentarios cotidianos, detrás existe una explicación fisiológica.

Tal y como explica Francisco Lara en el reportaje de El Confidencial, cuando la temperatura ambiental aumenta, nuestro organismo debe dedicar una gran cantidad de recursos a mantener estable la temperatura corporal. Este esfuerzo continuo genera una mayor carga fisiológica que termina repercutiendo también en nuestro bienestar psicológico.

No se trata únicamente de sentir calor. Nuestro cerebro trabaja constantemente para mantener el equilibrio interno del organismo, lo que provoca un mayor desgaste físico y mental.

Como consecuencia, disminuye la tolerancia ante situaciones cotidianas que normalmente gestionaríamos con facilidad.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando hace mucho calor?

Uno de los grandes protagonistas de este proceso es el hipotálamo, una estructura cerebral encargada tanto de regular la temperatura corporal como de participar en la gestión de las emociones.

Cuando el calor es intenso, este «termostato biológico» activa mecanismos como la sudoración o la dilatación de los vasos sanguíneos para evitar el sobrecalentamiento del organismo.

Según explica el doctor Francisco Lara, mantener estos mecanismos activos durante largos periodos supone un importante esfuerzo para el cuerpo. Ese gasto energético termina traduciéndose en una mayor sensación de agotamiento, incomodidad e irritabilidad.

Es decir, el cerebro dedica más recursos a sobrevivir al calor y menos a otras funciones relacionadas con la regulación emocional.

El estrés térmico existe

Uno de los conceptos más interesantes que aborda el artículo es el de estrés térmico.

No hablamos únicamente de una sensación desagradable provocada por el calor, sino de una respuesta fisiológica completa que implica al sistema nervioso, al sistema hormonal y a numerosos procesos corporales.

Las altas temperaturas pueden alterar la liberación de determinados neurotransmisores relacionados con el bienestar emocional y activar mecanismos similares a los que aparecen en situaciones de estrés.

A esto se suman otros factores muy frecuentes durante el verano:

  • Dormimos peor.
  • Nos deshidratamos con mayor facilidad.
  • Disminuye el rendimiento físico.
  • Nos cuesta más mantener la atención.

Todo ello acaba repercutiendo directamente sobre nuestro estado de ánimo.

Mucho más que mal humor

El calor no solo favorece la irritabilidad.

Tal y como recoge el artículo de El Confidencial, diversas investigaciones muestran que las altas temperaturas también pueden afectar a procesos cognitivos fundamentales.

Es frecuente experimentar:

  • Mayor dificultad para concentrarse.
  • Errores más frecuentes.
  • Menor capacidad para tomar decisiones.
  • Sensación de lentitud mental.
  • Pérdidas puntuales de memoria.
  • Menor paciencia ante pequeños problemas cotidianos.

En definitiva, el cerebro también acusa el esfuerzo que supone mantener el equilibrio corporal cuando el ambiente es extremadamente caluroso.

La incomodidad también tiene una función

Puede parecer curioso, pero la sensación de malestar provocada por el calor tiene una utilidad adaptativa.

Según explica Francisco Lara, esa incomodidad actúa como una señal de protección que nos impulsa a buscar sombra, beber agua, reducir la actividad física o permanecer en lugares más frescos.

Desde el punto de vista psicológico, comprender este mecanismo resulta muy útil porque permite interpretar determinadas reacciones emocionales con mayor normalidad.

No significa que el calor justifique cualquier comportamiento impulsivo, pero sí ayuda a entender por qué nuestra tolerancia disminuye en determinadas circunstancias.

No todas las personas reaccionamos igual

Uno de los aspectos que también destaca el especialista es que la tolerancia al calor varía enormemente entre individuos.

Factores como la genética, la edad, el estado físico, la calidad del sueño, la hidratación, la personalidad o la adaptación previa al clima hacen que algunas personas soporten mucho mejor las altas temperaturas que otras.

Por eso no existe una temperatura universal a partir de la cual todas las personas experimenten el mismo nivel de estrés térmico.

Aun así, el doctor Francisco Lara señala que el rango de temperatura más favorable para el funcionamiento del organismo suele situarse aproximadamente entre los 18 ºC y los 24 ºC.

¿Qué podemos hacer para proteger nuestra salud mental durante el verano?

La buena noticia es que muchas de las medidas más eficaces son sencillas y están al alcance de cualquiera.

Entre las recomendaciones que recoge el artículo destacan:

  • Mantener una correcta hidratación durante todo el día.
  • Evitar la exposición al sol en las horas centrales.
  • Dormir en habitaciones frescas y bien ventiladas.
  • Reducir el ejercicio intenso cuando hace mucho calor.
  • Buscar espacios climatizados o con sombra siempre que sea posible.
  • Realizar pausas frecuentes durante la jornada.

Desde el punto de vista psicológico, también resulta especialmente útil incorporar estrategias de regulación emocional como la respiración consciente, pequeños momentos de descanso o unos segundos de pausa antes de responder de forma impulsiva.

Comprender el calor también es cuidar nuestra salud mental

En ocasiones tendemos a culpabilizarnos por sentirnos más irritables o menos productivos durante los meses de verano. Sin embargo, conocer cómo responde nuestro organismo al calor permite interpretar estas reacciones desde una perspectiva mucho más saludable.

El artículo publicado por El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, pone de manifiesto la importancia de comprender que el bienestar psicológico también está condicionado por factores físicos y ambientales.

Desde Alphil Psicólogos celebramos que profesionales como el doctor Francisco Lara, jefe del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba, contribuyan a divulgar información científica de calidad que ayuda a la población a entender mejor el funcionamiento de la mente y del cuerpo.

Porque cuidar la salud mental no consiste únicamente en gestionar las emociones cuando aparecen los problemas. También implica conocer cómo factores tan cotidianos como el calor pueden influir en nuestro bienestar y aprender estrategias que nos permitan adaptarnos de una forma más saludable.

Si este verano notas que el calor afecta a tu estado de ánimo, recuerda que no siempre se trata de una cuestión de carácter. En muchas ocasiones, es simplemente el reflejo del enorme esfuerzo que está realizando tu organismo para mantener el equilibrio. Comprenderlo es el primer paso para cuidarte mejor.