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¿Qué nos sucede cuando decidimos no mostrarnos ante los demás con seguridad y autoafirmación?

Nuestros pensamientos no nos dejan olvidar. La autocrítica destructiva no deja que se produzca un avance positivo; aunque es cierto que esa voz interior crítica tiene una finalidad, enseñarnos a aprender de nuestros errores. La voz crítica es entendida como necesaria a nivel clínico, pero diferente es la crítica patológica, aquella que no te deja en ningún momento de tu vida, hagas algo bien o mal  juzga, culpa y encuentra siempre algún error imperdonable, además de mantenerte  en continua comparación con los demás. Frecuentemente la crítica destructiva va acompañada de sentimientos de culpa o depresión.

Pero … ¿Cuál es el origen de nuestra autocrítica? Algo tan interiorizado como esto tiene que tener su origen en la infancia y en como en estos años en los que absorbemos todo de nuestro entorno hemos aprendido también a criticarnos.

Partimos de la base que todos los padres y profesores critican las actitudes inadecuadas de sus hijos  con el fin de hacerlos seres bien adaptados socialmente, educados, etc. , hasta aquí no se puede poner en duda  la utilidad y la necesidad de criticar las conductas inadecuadas de nuestros hijos. El problema está en que esto se haga con demasiada frecuencia en relación con la emisión de otros mensajes positivos o reforzadores.

Los niños que oyen con demasiada frecuencia mensajes como “malos”, “desastres”, “torpes”, “mentirosos”, “egoístas”, ”inútiles”, acabarán creyéndoselo. Si además estas palabras se acompañan de gestos, tonos de voz o palabras muy intensas emocionalmente aún cogerán más fuerza y calarán más fuerte en la autoestima del niño.

Cuáles son las señales más comunes que indican que estás emitiéndote una dosis de autocrítica destructiva que te puede dejar abatido, te señalo algunas:

  • Hacer manifestaciones constantes de responsabilidad o culpabilidad.
  • Pedir perdón con demasiada frecuencia.
  • Dar explicaciones continuamente a los demás sobre cosas innecesarias.
  • Evitación constante de reuniones sociales o de trabajo  en grupo.
  • Deseo  generalizado de no molestar a los demás, exceso de amabilidad.
  • Conductas tendentes al  aislamiento.
  • Excesiva susceptibilidad ante las reacciones de los demás.
  • Expresión de quejas frecuentes tanto hacia uno mismo como hacia los demás.
  • Irascibilidad excesiva.
  • Padecer síntomas fisiológicos de ansiedad como por ejemplo, tensión muscular, taquicardias, insomnio, etc.
  • Ejercer  excesivo control sobre todo lo que sucede alrededor.

Ten en cuenta todas estas conductas y evalúate para ver si estás actuando conforme a algunas de ellas. Si es así intenta eliminarlas, permítete la torpeza de cometer errores. Como diría R. Tagore, “si cierras la puerta a todos los errores dejarás fuera la verdad”.