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Fue a finales de los años sesenta, cuando Alyce y Elmer Green, de la Fundación Menninger  llevaron a cabo la primera aplicación clínica con biofeedback.

El biofeedback  ha supuesto un avance muy significativo en todo el campo de las técnicas de reducción de estrés, ya que permite obtener una medida objetiva de las funciones corporales. Los instrumentos de biofeedback son considerados de gran precisión y muy útiles si existe tensión en el organismo.

Según estudios realizados por el  Instituto de Biorretroalimentación de San Francisco su aplicación es útil para estos síntomas:

  • Dolor de cabeza tensional
  • Migraña
  • Hipertensión
  • Insomnio
  • Colon espástico
  • Espasmos musculares
  • Ansiedad
  • Epilepsia
  • Asma
  • Fobias
  • Tartamudeo
  • Rechinar de dientes

¿Cómo funciona?

Es una técnica que permite aprender a desarrollar control voluntario sobre aquellas funciones del organismo reguladas por mecanismos reflejos.

Para comprender cómo podemos aprender a controlar de forma consciente determinadas variables fisiológicas es necesario señalar que disponemos de dos tipos de sistema nervioso autónomo, uno es el sistema nervioso  parasimpático que interviene en  los movimientos controlados de forma consciente, otro es el sistema nervioso simpático, que regula todas aquellas funciones que escapan al control voluntario, como por ejemplo el funcionamiento del corazón, de las glándulas endocrinas, etc.

Los instrumentos de biofeedback nos dan la posibilidad de conocer estas funciones y medirlas para poder controlarlas. Captan las señales mediante sensores llamados electrodos y las transforman en señales auditivas o visuales. Cuando una persona se encuentra conectada a un equipo de biofeedback puede ver u oír las funciones de su organismo que haya decidido aprender a controlar.

El biofeedback EMG:

Controla la tensión del musculo esquelético, es el que más se utiliza y concretamente el del músculo frontal que da una estimación muy fiable del nivel de tensión general y puede ser medido sin interferencias de los demás.

Esta técnica se ha comprobado eficaz en el tratamiento de la tensión muscular, el insomnio, la ansiedad  y los trastornos psicosomáticos del tipo del asma, las úlceras gástricas, la hipertensión, los problemas menstruales, la colitis y los dolores de cabeza de tipo tensional.

Para una mayor eficacia estas técnicas deberán ser utilizadas de forma complementaria a otras cognitivas y conductuales cuyo fin sea disminuir el nivel de ansiedad en el paciente, como las técnicas de relajación. El psicólogo irá dirigiendo y ayudando al paciente a salvar los obstáculos que puedan surgir y que puedan interrumpir sus progresos.